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HÔTEL DE LA BRETESCHE: VIAJANDO POR LA BRETAÑA FRANCESA (II)

16 Ene 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Hoteles, Restaurantes, Viajes

Château de la Betresche

Seguimos en Bretaña. Nos quedamos un día más en la encantadora ciudad costera de La Baule para pernoctar en el Hotel l´Hermitage. Ubicado en un bello y enorme edificio de arquitectura clásica bretona, en primerísima línea de playa, cuenta con dos piscinas privadas, una de ellas climatizada.

Hôtel L´Hermitage

Hermitage y Marie-Louise, (del que les hablé ayer) tienen cada uno sus propios salones-bar donde poder tomar el aperitivo o la copa después de cenar. Aunque con pequeños matices que los hacen diferentes. Mientras que el de L´Hermitage es de estilo inglés, con música en vivo y siempre lleno, el de Marie-Louise es mucho más pequeño, todo él de madera y, por supuesto, mucho más tranquilo y silencioso.

Piscina climatizada de L´Hermitage

Hall de L´Hermitage

HÔTEL DOMAINE DE LA BRETESCHE

Terminada esta información, dejamos La Baule, y recorremos 30 km para dirigirnos al pueblecito de Missillac, donde pasaremos un día en el Hôtel de La Bretesche, situado en la frontera del País Bretón y del Valle del Loira, en pleno parque natural de la Brière.

Las numerosas instalaciones (bares, restaurantes, cafetería, club social de golf y habitaciones…), se sitúan en las dependencias utilizadas hace siglos por los invitados del castillo, las cuales rodean un enorme patio rectangular, con cierto parecido a los campus de las universidades inglesas, repleto de jardines y rododendros (flores parecidas a las azaleas, símbolo de La Bretaña).

Entrada del Hôtel La Bretesche

Todo ello bordeado por un inmenso terreno de 200 hectáreas, donde el bosque se alterna con los fairways de un campo de golf de 18 hoyos y con el aliciente de tener unas vistas difíciles de mejorar: un castillo del siglo XV y su estanque que lo rodea. Para no perdérselo.

Habitación del Torreón en La Bretesche

Se puede comer (allí lo hicimos) en Le Club, informal restaurante con terraza, frecuentado por los jugadores de golf para tomarse un respiro. Para cenar, es ineludible hacerlo en el restaurante del hotel. Situado en la fachada principal, rodeado de enormes ventanales con vistas al lago y al majestuoso castillo.

Comedor “La Terraza” de La Bretesche, junto al golf

Con el aliciente de poder degustar una comida de las mejores de todo el territorio galo, con especial atención a los productos bretones. Su bodega, reflejada en una carta bien diseñada, es amplia e interesante. Y el servicio de sala, maître y sumiller incluidos, pese a que su profesionalidad se les supone, tengo que decir que superan con creces la media.

Comedor principal 

Bar del Hôtel La Bretesche. situado en las antiguas caballerizas

Como siempre, antes de terminar, comentar que el hotel posee asimismo, piscina climatizada, tenis y un precioso bar que aprovecha las antiguas caballerizas, por lo que las mesas se emplazan separadas por los muros de cada “apartamento” ecuestre. Y un bello saloncito de desayunos, con un buffet de repostería inigualable.

Cenicero (adquirido) para mi colección

Dejamos La Bretesche. Dejamos La Bretaña. Nos hemos quedado cortos en cuanto a días. Aún, antes de regresar, nos acercamos hasta las marinas de Guérande, lugar famoso por su sal gris (compra obligatoria).

También visitamos la ciudad portuaria de Saint Nazaire, donde se construyó el mayor trasatlántico del mundo (el Queen Mary II). Allí, en su calle principal (87 Av. de la République) existe una casa de cafés y tés (Cafés Sary) donde se puede adquirir el famoso Té de los Celtas. El que sea amante de este tipo de infusiones, no debe pasar por alto esta recomendación.

Hôtel de la Plage de Saint Marc sur Mer, donde se rodó hace más de 70 años la película “Las vacaciones de Monsieur Hulot”

Y como última visita, nos acercamos a un pequeño e idílico pueblecito costero, Saint Marc sur Mer, lugar donde se filmó, allá por los años cincuenta, la película “Las vacaciones de Monsieur Hulot”, del mítico actor y director Jacques Tati. El hotel donde se desarrolla el film continúa intacto en su sitio y una estatua del genial cineasta perpetúa su recuerdo.

Adiós Bretaña. Hasta pronto. No cambies. Volveremos.

Texto y todas las fotos (salvo la toma aérea, facilitada por La Bretesche): Eduardo Bueso

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