Lugares con estrella · Por Eduardo Bueso Lugares con estrella · Por Eduardo Bueso

HÔTEL MANDARÍN ORIENTAL DE PARÍS

22 Ene 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Hoteles, Viajes

Hall del Hôtel Mandarín Ortiental de París

Recientemente, realizamos una visita relámpago a París, con el único motivo de alojarnos (un día y una noche) en el Hôtel Mandarín Oriental, lujo moderno en el corazón de la capital de la luz. Situado en la rue Saint-Honoré, en pleno barrio de la alta costura de París y cerca de los lugares más atractivos de la ciudad, como la Place Vendôme, el elegante jardín de las Tullerías, el Louvre… o la Ópera Garnier.

El hotel destila una elegancia atemporal a través de hermosos interiores, en sus 138 habitaciones… o en sus 3impresionantes suites con dos dormitorios y tres configuraciones. Deslumbrante la Royale Mandarín Suite con vistas de 360 ​​grados de la ciudad, (la cual tuvimos oportunidad de verla, ya que durante nuestra estancia no estaba ocupada). Tampoco hay que perderse el tranquilo spa, auténtico oasis de bienestar oriental, ni la piscina de 14 metros.

En sus restaurantes ofrecen cocina de vanguardia a través de platos deliciosamente ligeros y cócteles tentadores en un entorno sofisticado, supervisado por el galardonado chef y director culinario, Thierry Marx, con quien ya tuvimos el placer de coincidir, degustar sus creaciones y entrevistarle, en una de nuestra visitas al Médoc (hace unos años), más concretamente en el Relais & Château Cordeillan-Bages de Pauillac, muy cerca de Burdeos.

Restaurante “Sur mesure”

El restaurante que dirige actualmente se denomina “Sur Mesure”.

Piscina

Como creemos curioso conocer los gustos de este gran chef, aquí va la entrevista.

 

ENTREVISTA A THIERRY MARX

¿APERITIVO IDEAL? 

EL VINO 

¿CIUDADES FAVORITAS? 

NARA, EN JAPÓN (JUNTO A TOKIO), NUEVA YORK Y PARÍS 

UN PAÍS INTERESANTE  

JAPÓN. PORQUE NO HAY CONFLICTOS ENTRE LA TRADICIÓN Y LA INNOVACIÓN. 

¿CUÁL ES EL ÚLTIMO VIAJE QUE HA REALIZADO? 

BIRMANIA 

¿QUÉ VIAJE TIENE PENDIENTE Y QUE LE GUSTARÍA REALIZAR? 

A LA CORDILLERA DE LOS ANDES 

SUS TRES RESTAURANTES PREFERIDOS EN EL MUNDO 

THE FAT DUCK, MICHEL BRAS Y KATZ DE NUEVA YORK 

¿RESTAURANTE DE ESPAÑA? 

SENTÍ MUCHO QUE CERRASEN “EL BULLI”. ERA MI PREFERIDO 

SUS TRES HOTELES PREFERIDOS 

LE RAFFLES DE SINGAPUR, SUKHOTHAI Y EL MANDARÍN ORIENTAL DE TOKIO… Y POR SUPUESTO EL QUE AHORA ESTAMOS: EL DE PARÍS 

¿QUÉ VINO PREFIERE? 

CHÂTEAU LATOUR 

¿ALGÚN VINO ESPAÑOL QUE LE GUSTE? 

VEGA SICILIA 

¿CUÁL ES SU CÓCTEL PREFERIDO? 

EL “B52” QUE SE REALIZA CON LICOR DE CAFÉ (KAHLÚA), CREMA DE WHISKY (BAILEYS) y GRAND MARNIER 

¿SU PLATO PREFERIDO? 

TAJINE (ESTOFADO) DE VERDURAS 

¿CUÁL ES EL PLATO O PRODUCTO QUE NO LE GUSTA? 

LA CARNE 

¿QUÉ TIPO DE MÚSICA LE GUSTA? 

LAS VOCES LÍRICAS, EL JAZZ Y EL ROCK 

¿SU PELÍCULA FAVORITA? 

“EL CARTERO SIEMPRE LLAMA DOS VECES” 

¿QUÉ LIBRO ESTÁ LEYENDO? 

“VOYAGE AU BOUT DE LA NUIT” DE LOUIS FERDINAND CÉLINE 

¿DÓNDE LE GUSTA PASAR SUS VACACIONES? 

EN IRATI EN EL PAÍS VASCO FRANCÉS. EN CONTACTO CON LA NATURALEZA 

¿UN AROMA? 

EL DEL TÉ 

¿EN SU MALETA SIEMPRE HAY? 

CHOCOLATE NEGRO 

¿QUÉ AÑORA CUANDO ESTÁ FUERA DE CASA? 

… ¡¡¡EL CHOCOLATE NEGRO¡¡ 

Fotos: Hôtel Mandarín Oriental Paris, E.C. y Eduardo Bueso 

Comedor de verano

Nuestro agradecimiento al Hôtel Mandarín Oriental de Paris por las facilidades dadas a Lugares con Estrella

Bar del Hôtel Mandarín Oriental de París

HÔTEL DE LA BRETESCHE: VIAJANDO POR LA BRETAÑA FRANCESA (II)

16 Ene 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Hoteles, Restaurantes, Viajes

Château de la Betresche

Seguimos en Bretaña. Nos quedamos un día más en la encantadora ciudad costera de La Baule para pernoctar en el Hotel l´Hermitage. Ubicado en un bello y enorme edificio de arquitectura clásica bretona, en primerísima línea de playa, cuenta con dos piscinas privadas, una de ellas climatizada.

Hôtel L´Hermitage

Hermitage y Marie-Louise, (del que les hablé ayer) tienen cada uno sus propios salones-bar donde poder tomar el aperitivo o la copa después de cenar. Aunque con pequeños matices que los hacen diferentes. Mientras que el de L´Hermitage es de estilo inglés, con música en vivo y siempre lleno, el de Marie-Louise es mucho más pequeño, todo él de madera y, por supuesto, mucho más tranquilo y silencioso.

Piscina climatizada de L´Hermitage

Hall de L´Hermitage

HÔTEL DOMAINE DE LA BRETESCHE

Terminada esta información, dejamos La Baule, y recorremos 30 km para dirigirnos al pueblecito de Missillac, donde pasaremos un día en el Hôtel de La Bretesche, situado en la frontera del País Bretón y del Valle del Loira, en pleno parque natural de la Brière.

Las numerosas instalaciones (bares, restaurantes, cafetería, club social de golf y habitaciones…), se sitúan en las dependencias utilizadas hace siglos por los invitados del castillo, las cuales rodean un enorme patio rectangular, con cierto parecido a los campus de las universidades inglesas, repleto de jardines y rododendros (flores parecidas a las azaleas, símbolo de La Bretaña).

Entrada del Hôtel La Bretesche

Todo ello bordeado por un inmenso terreno de 200 hectáreas, donde el bosque se alterna con los fairways de un campo de golf de 18 hoyos y con el aliciente de tener unas vistas difíciles de mejorar: un castillo del siglo XV y su estanque que lo rodea. Para no perdérselo.

Habitación del Torreón en La Bretesche

Se puede comer (allí lo hicimos) en Le Club, informal restaurante con terraza, frecuentado por los jugadores de golf para tomarse un respiro. Para cenar, es ineludible hacerlo en el restaurante del hotel. Situado en la fachada principal, rodeado de enormes ventanales con vistas al lago y al majestuoso castillo.

Comedor “La Terraza” de La Bretesche, junto al golf

Con el aliciente de poder degustar una comida de las mejores de todo el territorio galo, con especial atención a los productos bretones. Su bodega, reflejada en una carta bien diseñada, es amplia e interesante. Y el servicio de sala, maître y sumiller incluidos, pese a que su profesionalidad se les supone, tengo que decir que superan con creces la media.

Comedor principal 

Bar del Hôtel La Bretesche. situado en las antiguas caballerizas

Como siempre, antes de terminar, comentar que el hotel posee asimismo, piscina climatizada, tenis y un precioso bar que aprovecha las antiguas caballerizas, por lo que las mesas se emplazan separadas por los muros de cada “apartamento” ecuestre. Y un bello saloncito de desayunos, con un buffet de repostería inigualable.

Cenicero (adquirido) para mi colección

Dejamos La Bretesche. Dejamos La Bretaña. Nos hemos quedado cortos en cuanto a días. Aún, antes de regresar, nos acercamos hasta las marinas de Guérande, lugar famoso por su sal gris (compra obligatoria).

También visitamos la ciudad portuaria de Saint Nazaire, donde se construyó el mayor trasatlántico del mundo (el Queen Mary II). Allí, en su calle principal (87 Av. de la République) existe una casa de cafés y tés (Cafés Sary) donde se puede adquirir el famoso Té de los Celtas. El que sea amante de este tipo de infusiones, no debe pasar por alto esta recomendación.

Hôtel de la Plage de Saint Marc sur Mer, donde se rodó hace más de 70 años la película “Las vacaciones de Monsieur Hulot”

Y como última visita, nos acercamos a un pequeño e idílico pueblecito costero, Saint Marc sur Mer, lugar donde se filmó, allá por los años cincuenta, la película “Las vacaciones de Monsieur Hulot”, del mítico actor y director Jacques Tati. El hotel donde se desarrolla el film continúa intacto en su sitio y una estatua del genial cineasta perpetúa su recuerdo.

Adiós Bretaña. Hasta pronto. No cambies. Volveremos.

Texto y todas las fotos (salvo la toma aérea, facilitada por La Bretesche): Eduardo Bueso

HÔTEL CASTEL MARIE-LOUISE: VIAJANDO POR LA BRETAÑA FRANCESA (I)

15 Ene 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Hoteles, Restaurantes, Viajes

Como dice un buen amigo mío, “Francia es muy grande”. Y muy diversa, añadimos nosotros. No sólo en temas paisajísticos, sino en costumbres, culturas, caracteres, arquitectura, clima y, cómo no, gastronomía.

En esta ocasión les propongo un viaje a la Bretaña. Nosotros acudimos para época veraniega, pero puede ser muy grato en primavera u otoño… aunque menos, en esta época de frío y lluvias. 

Es una región desafiante al Atlántico, rebosante de bosques cargados de leyendas, ciudades medievales de pasado céltico y, toda ella, muy diferente del resto del país: vestigios de poderosas fortalezas nos recuerdan los límites fronterizos orientales de Bretaña, antes de su anexión final a Francia en 1532Asimismo posee gran cantidad de hoteles y restaurantes de categoría suficiente, como para ser visitada con el simple objetivo de disfrutar de ellos.Hoy les hablaré de un hotel exquisito: el Castel Marie-Louise. Para ello comenzamos visitando La Baule. Ciudad que es a La Bretaña, lo que Deauville es a la vecina Normandía. Ambas son conocidas desde hace más de un siglo por ser lugares de vacaciones de verano (entonces conocidas como “baños de mar”) de la aristocracia francesa. Quizás, Deauville tenga un punto más de glamour, sin duda por la presencia del majestuoso Hotel Normandy y su no menos impresionante edificio que acoge al Casino. De ello les hablaremos en otra ocasión.

La Baule posee sus playas orientadas al sur, de horizontes tan infinitos como el mar y finas arenas bajo un cielo azul, casi “mediterráneo”, a menudo cambiante debido a las brumas que de improviso emergen del océano sin previo aviso, para darle más encanto a esta ciudad ya de por sí “encantada”.

 

El Castel Marie-Louise posee una bonita historia, que intentaré resumir lo más breve que sea posible:

En 1912, el marqués Pierre de Garidel, encarga al arquitecto René Moreau (famoso por el diseño de algunos hoteles tan emblemáticos como el Astoria o el Carlton de la ciudad de Vichy) una villa de descanso en un terreno boscoso y ajardinado a escasos metros de la playa. En honor a su propietario se le denomina Villa La Garidelle. Años más tarde es adquirida por la condesa de Galard. Cambio de propietario y de nombre, ya que en pleno periodo regionalista es denominada Ti Daou, en castellano La Casa Dulce. 

Debido a la crisis económica y bursátil de 1929, un infatigable inversor parisino llamado François André, se hace con la propiedad para ofrecérsela como regalo a su esposa Marie-Louise. En los felices años treinta, decide ampliar el edificio construyendo 22 nuevas habitaciones, donde poder recibir a sus invitados. El color de sus paredes y sus elegantes líneas arquitectónicas hacen que esta preciosa villa sea calificada como la Dama Blanca o la Gran Dama, aunque tras dicha ampliación fue conocida como el Castel Marie-Louise. 

En los años cincuenta, es el propio François André quien decide transformarlo en hotel. En 1962, tras el fallecimiento de él y de su esposa, lo compra el empresario hotelero Lucien Barrière, realizando dos grandes obras de mejora y restauración en los años 1968 y 1990.

Desde el punto de vista gastronómico, posee tres comedores. Dos de ellos en los bajos del propio edificio, unidos entre sí, decorados con estilo y exquisitez. El tercero es una terraza de verano, erigida sobre el mimado césped, hasta tal punto que si no fuese por los cercanos pinos, tendríamos la sensación de comer sobre un campo de golf.

De su carta, tuvimos la oportunidad de probar, tanto en las comidas como en las cenas, diferentes e interesantes platos. Enumeraré algunos para que se hagan una idea del tipo de cocina que ofrecen.

De las entradas, destacaría el foie gras caliente con miga de centeno a las especias y melocotón blanco confitado, las cigalas escalfadas en caldo de manzanas y marinadas al jugo de pomelo o una soberbia gallina (denominada “coucou” de Rennes) cocida en gelatina, trufas frescas y puré de coliflor con pimienta roja. 

En pescados sobresalen la merluza en un cremoso yodado, tartar de ostras de Cancale y caviar, o un plato digno de ser degustado, bogavante y cigalas, salmonetes, emulsión de crustáceos y puré de patatas de Noirmoutier con dátil y especias.

En el apartado de carnes, lomo de cerdo de pata negra del Valle des Aldudes (País vasco-francés), cocido lentamente, con jugo de especias, frutos asados y tocino caramelizado, o el pichón de Mesquer con berenjena, foie gras y alcachofa.

Los postres resultaron estar a la misma altura: frambuesas caramelizadas con crema de vainilla y sorbete de yogur de oveja, galleta a la flor de sal de Guérande, pequeños frutos rojos y helado a la pimienta de Jamaica o fresas flameadas con licor de rosas.

Debo añadir, que todo buen restaurante bretón que se precie, debe poseer el denominado “Menú de Bogavante”, especialidad de la región.

Como ya he comentado, quizás no son fechas para ir, pero mi intención es informarles para que vayan haciendo planes y cuando llegue el buen tiempo… ya lo hayan reservado con antelación. Espero no defraudarles.

En breves días les hablaré de otro hotel muy cerca del hoy visitado. Les anticipo su nombre: La Bretesche. Tengan paciencia.

Texto y fotos: Eduardo Bueso (copyright)

COLECCIONISTAS DE VAJILLAS

11 Ene 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Cultura, Gastronomía, Hoteles, Restaurantes

Bandeja de cerámica del País Vasco francés. 1880. Adquirida a un anticuario de San Juan de Luz. En los lados figuran las siluetas de dos ballenas, ya que en ese puerto se pescaban esos cetáceos en el siglo XIX

Hace poco les hablé de mi ilusión por coleccionar objetos relacionados con la gastronomía: guías, menús, ceniceros y libros de viajes. En esta ocasión haré mención de las vajillas en general o de hoteles y restaurantes… otra de mis pequeñas locuras, ya que ocupan mucho espacio en casa y… lo que es peor… a veces resultan muy caras. 

Langenthal (Suiza) 1944

Deteniéndome en los libros de historia, reparo en que la vajilla de porcelana no se introdujo en Europa hasta el siglo XVII. Los ingleses tenían la exclusiva de su importación y la materia prima empleada en su elaboración sólo se encontraba entonces en China: el caolín. De esta sustancia mineral fundida con el feldespato a 1.250º se obtenía la porcelana. Con el posterior hallazgo, tanto de la materia prima como de la tecnología, la vajilla se abarató, generalizándose el uso. 

Hôtel Meurice 1960

Al igual que los ceniceros, colecciones muy usuales por la facilidad de traerlos en las maletas, las vajillas (platos, tazas o bandejas) han sido siempre objeto de deseo. A mayor importancia del establecimiento -y más antigüedad-, más se incrementa el valor de la pieza. No es lo mismo un plato actual de la vajilla de alguna cadena hotelera, que una bandeja de Limoges del Hotel Ritz de París fechada a principios del siglo pasado.

Plato que se entregó a los asistentes a la Convención de la Asociación de Hoteles de América, durante un viaje realizado a Europa en el año 1926

Cuando visito una ciudad, los anticuarios me atraen tanto como los museos. A veces se pueden encontrar auténticas gangas con las que disfrutar a nuestro regreso a casa.

Detalle de un plato del Hôtel du Palais de Biarritz de principios del siglo XX

El resultado es variopinto y poco recomendado cuando se reciben visitas, pero no deja de ser cuando menos chocante ofrecer a nuestros invitados unas aceitunas en un platito del Hôtel de París de Montecarlo o unas anchoas en una bandeja del restaurante Maxim´s de los años 30 del ya lejano siglo XX. Puede no resultar chic o fashion (como escribirían en las páginas de moda), pero al menos se le da un toque de originalidad a la velada… y, por qué no, un posible tema de conversación.

Plato fabricado en 1917

Pero como una imagen vale más que cien palabras, les he insertado algunas fotos de piezas de mi colección particular, que por cierto no para de crecer.

Texto y fotos: Eduardo Bueso (copyright)

Salsera del Sheraton East de Nueva York (1966)

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