Lugares con estrella · Por Eduardo Bueso Lugares con estrella · Por Eduardo Bueso

HÔTEL CASTEL MARIE-LOUISE: VIAJANDO POR LA BRETAÑA FRANCESA (I)

15 Ene 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Hoteles, Restaurantes, Viajes

Como dice un buen amigo mío, “Francia es muy grande”. Y muy diversa, añadimos nosotros. No sólo en temas paisajísticos, sino en costumbres, culturas, caracteres, arquitectura, clima y, cómo no, gastronomía.

En esta ocasión les propongo un viaje a la Bretaña. Nosotros acudimos para época veraniega, pero puede ser muy grato en primavera u otoño… aunque menos, en esta época de frío y lluvias. 

Es una región desafiante al Atlántico, rebosante de bosques cargados de leyendas, ciudades medievales de pasado céltico y, toda ella, muy diferente del resto del país: vestigios de poderosas fortalezas nos recuerdan los límites fronterizos orientales de Bretaña, antes de su anexión final a Francia en 1532Asimismo posee gran cantidad de hoteles y restaurantes de categoría suficiente, como para ser visitada con el simple objetivo de disfrutar de ellos.Hoy les hablaré de un hotel exquisito: el Castel Marie-Louise. Para ello comenzamos visitando La Baule. Ciudad que es a La Bretaña, lo que Deauville es a la vecina Normandía. Ambas son conocidas desde hace más de un siglo por ser lugares de vacaciones de verano (entonces conocidas como “baños de mar”) de la aristocracia francesa. Quizás, Deauville tenga un punto más de glamour, sin duda por la presencia del majestuoso Hotel Normandy y su no menos impresionante edificio que acoge al Casino. De ello les hablaremos en otra ocasión.

La Baule posee sus playas orientadas al sur, de horizontes tan infinitos como el mar y finas arenas bajo un cielo azul, casi “mediterráneo”, a menudo cambiante debido a las brumas que de improviso emergen del océano sin previo aviso, para darle más encanto a esta ciudad ya de por sí “encantada”.

 

El Castel Marie-Louise posee una bonita historia, que intentaré resumir lo más breve que sea posible:

En 1912, el marqués Pierre de Garidel, encarga al arquitecto René Moreau (famoso por el diseño de algunos hoteles tan emblemáticos como el Astoria o el Carlton de la ciudad de Vichy) una villa de descanso en un terreno boscoso y ajardinado a escasos metros de la playa. En honor a su propietario se le denomina Villa La Garidelle. Años más tarde es adquirida por la condesa de Galard. Cambio de propietario y de nombre, ya que en pleno periodo regionalista es denominada Ti Daou, en castellano La Casa Dulce. 

Debido a la crisis económica y bursátil de 1929, un infatigable inversor parisino llamado François André, se hace con la propiedad para ofrecérsela como regalo a su esposa Marie-Louise. En los felices años treinta, decide ampliar el edificio construyendo 22 nuevas habitaciones, donde poder recibir a sus invitados. El color de sus paredes y sus elegantes líneas arquitectónicas hacen que esta preciosa villa sea calificada como la Dama Blanca o la Gran Dama, aunque tras dicha ampliación fue conocida como el Castel Marie-Louise. 

En los años cincuenta, es el propio François André quien decide transformarlo en hotel. En 1962, tras el fallecimiento de él y de su esposa, lo compra el empresario hotelero Lucien Barrière, realizando dos grandes obras de mejora y restauración en los años 1968 y 1990.

Desde el punto de vista gastronómico, posee tres comedores. Dos de ellos en los bajos del propio edificio, unidos entre sí, decorados con estilo y exquisitez. El tercero es una terraza de verano, erigida sobre el mimado césped, hasta tal punto que si no fuese por los cercanos pinos, tendríamos la sensación de comer sobre un campo de golf.

De su carta, tuvimos la oportunidad de probar, tanto en las comidas como en las cenas, diferentes e interesantes platos. Enumeraré algunos para que se hagan una idea del tipo de cocina que ofrecen.

De las entradas, destacaría el foie gras caliente con miga de centeno a las especias y melocotón blanco confitado, las cigalas escalfadas en caldo de manzanas y marinadas al jugo de pomelo o una soberbia gallina (denominada “coucou” de Rennes) cocida en gelatina, trufas frescas y puré de coliflor con pimienta roja. 

En pescados sobresalen la merluza en un cremoso yodado, tartar de ostras de Cancale y caviar, o un plato digno de ser degustado, bogavante y cigalas, salmonetes, emulsión de crustáceos y puré de patatas de Noirmoutier con dátil y especias.

En el apartado de carnes, lomo de cerdo de pata negra del Valle des Aldudes (País vasco-francés), cocido lentamente, con jugo de especias, frutos asados y tocino caramelizado, o el pichón de Mesquer con berenjena, foie gras y alcachofa.

Los postres resultaron estar a la misma altura: frambuesas caramelizadas con crema de vainilla y sorbete de yogur de oveja, galleta a la flor de sal de Guérande, pequeños frutos rojos y helado a la pimienta de Jamaica o fresas flameadas con licor de rosas.

Debo añadir, que todo buen restaurante bretón que se precie, debe poseer el denominado “Menú de Bogavante”, especialidad de la región.

Como ya he comentado, quizás no son fechas para ir, pero mi intención es informarles para que vayan haciendo planes y cuando llegue el buen tiempo… ya lo hayan reservado con antelación. Espero no defraudarles.

En breves días les hablaré de otro hotel muy cerca del hoy visitado. Les anticipo su nombre: La Bretesche. Tengan paciencia.

Texto y fotos: Eduardo Bueso (copyright)

COLECCIONISTAS DE VAJILLAS

11 Ene 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Cultura, Gastronomía, Hoteles, Restaurantes

Bandeja de cerámica del País Vasco francés. 1880. Adquirida a un anticuario de San Juan de Luz. En los lados figuran las siluetas de dos ballenas, ya que en ese puerto se pescaban esos cetáceos en el siglo XIX

Hace poco les hablé de mi ilusión por coleccionar objetos relacionados con la gastronomía: guías, menús, ceniceros y libros de viajes. En esta ocasión haré mención de las vajillas en general o de hoteles y restaurantes… otra de mis pequeñas locuras, ya que ocupan mucho espacio en casa y… lo que es peor… a veces resultan muy caras. 

Langenthal (Suiza) 1944

Deteniéndome en los libros de historia, reparo en que la vajilla de porcelana no se introdujo en Europa hasta el siglo XVII. Los ingleses tenían la exclusiva de su importación y la materia prima empleada en su elaboración sólo se encontraba entonces en China: el caolín. De esta sustancia mineral fundida con el feldespato a 1.250º se obtenía la porcelana. Con el posterior hallazgo, tanto de la materia prima como de la tecnología, la vajilla se abarató, generalizándose el uso. 

Hôtel Meurice 1960

Al igual que los ceniceros, colecciones muy usuales por la facilidad de traerlos en las maletas, las vajillas (platos, tazas o bandejas) han sido siempre objeto de deseo. A mayor importancia del establecimiento -y más antigüedad-, más se incrementa el valor de la pieza. No es lo mismo un plato actual de la vajilla de alguna cadena hotelera, que una bandeja de Limoges del Hotel Ritz de París fechada a principios del siglo pasado.

Plato que se entregó a los asistentes a la Convención de la Asociación de Hoteles de América, durante un viaje realizado a Europa en el año 1926

Cuando visito una ciudad, los anticuarios me atraen tanto como los museos. A veces se pueden encontrar auténticas gangas con las que disfrutar a nuestro regreso a casa.

Detalle de un plato del Hôtel du Palais de Biarritz de principios del siglo XX

El resultado es variopinto y poco recomendado cuando se reciben visitas, pero no deja de ser cuando menos chocante ofrecer a nuestros invitados unas aceitunas en un platito del Hôtel de París de Montecarlo o unas anchoas en una bandeja del restaurante Maxim´s de los años 30 del ya lejano siglo XX. Puede no resultar chic o fashion (como escribirían en las páginas de moda), pero al menos se le da un toque de originalidad a la velada… y, por qué no, un posible tema de conversación.

Plato fabricado en 1917

Pero como una imagen vale más que cien palabras, les he insertado algunas fotos de piezas de mi colección particular, que por cierto no para de crecer.

Texto y fotos: Eduardo Bueso (copyright)

Salsera del Sheraton East de Nueva York (1966)

HOTEL CÁNDIDO DE SEGOVIA

08 Ene 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Hoteles, Restaurantes, Viajes

Siempre que acudimos a Segovia, tenemos el placer de disfrutar de uno de los mejores hoteles de Castilla: el Hotel Cándido.

A tan sólo cinco minutos de Acueducto, la familia del Mesonero Mayor de Castilla posee este hotel dotado de 107 habitaciones (de ellas 8 suites).

En el establecimiento han conjugado la tradición aprendida durante décadas, con las más altas innovaciones tecnológicas, para ofrecer a sus clientes un ambiente de lujo y sosiego.

Con el mismo trato exquisito y cordial que dispensan en el famoso Mesón, el complejo hotelero ofrece gimnasio, piscina climatizada y piscina exterior, pistas de padel, sauna, baño turco, un completo SPA, aparcamiento privado y parking subterráneo.

No debemos olvidarnos de que posee un centro de convenciones con una capacidad de 700 personasY junto a él, el grandioso Pórtico Real de Cándido, donde precisamente en sus numerosos salones ofrece banquetes con el sello “Cándido”.

También visitamos el Mesón, pero ya se lo contaremos otro día.

Texto y fotos: Eduardo Bueso (copyright).

RESTAURANTE CELEBRIS PRESENTA NUEVO EQUIPO Y NUEVA CARTA

09 Nov 2017 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Hoteles, Restaurantes

El restaurante zaragozano Celebris comienza noviembre con una nueva carta de temporada y nuevo equipo su cocina.

Desde el mes de julio, el joven cocinero Alex Garcia Tolón se ha puesto al frente de la cocina de dicho restaurante,  trabajando la nueva carta de temporada que ahora se presenta y en la que se puede disfrutar de sus propuestas gastronómicas, las cuales mantienen la esencia de Celebris, cocina de vanguardia basada en productos de temporada y de calidad. Su cocina se define como cocina tradicional con un toque de fusión.

Alex García Tolón se ha formado en el Restaurante de Martín Berasategui entre otros restaurantes de prestigio, tanto locales como nacionales.

Con su incorporación, Celebris presenta una nueva carta de temporada, la cual continúa con su esencia, cocina de vanguardia basada en productos de temporada y dando prioridad a la materia prima aragonesa, con un toque de fusión ligera  y sutil que se entremezcla en las diferentes recetas de aquí y de allá.

El resultado es una carta completa que desea ofrecer diferentes sabores y texturas buscando agradar a un público variado pero con un único objetivo, disfrutar de una buena cocina, una buena bodega y unas vistas únicas de la ciudad.

A lo largo del almuerzo al que asistimos pudimos degustar platos tan atractivos como:

Tostada de foie con pan de frutos secos, avellanas y sus confituras e higos

 Guao-bao de tartar de salmón ahumado

Ceviche de corvina con ají amarillo y verde estilo peruano acompañado de boniato frito

Crema caliente de hongos, huevo a baja temperatura, y crujiente de jamón

Lomo de merluza en costra de pistacho con salsa tinta y pulpo parrilla 

Solomillo ibérico con salsa de colmenillas y oporto acompañado de patatas glaseadas y membrillo

Rollitos rellenos de mascarpone y pistacho con culis de frutos rojos y fresas naturales 

El Restaurante Celebris continua con su carta abierta a precio cerrado, pudiendo elegir entre tres opciones de precios: Menú Luna del Ebro, por 28€ por persona, pudiendo elegir de la carta un entrante, un plato principal y postre, con bebida incluida;  Menú Cuarto Menguante por 18€, plato principal y postre, con agua incluida y Menú Degustación Luna Llena, por 38€ por persona,  eligiendo dos entrantes, un pescado, plato de carne y postre, con bodega y bebida incluida.

La bodega también se ha renovado, ampliando sus propuestas y dando principal protagonismo a  los vinos aragoneses, sobre todo a las nuevas bodegas mediante las cuales podemos ofrecer unas propuestas originales y diferentes.

Las reservas se pueden hacer en el 876 54 20 06 o en rttecelebris@palafoxhoteles.com. En la web del restaurante se puede consultar la carta y reservar directamente: www.restaurantecelebris.com. El parking está incluido en la reserva.

Fotos: Eduardo Bueso

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