Lugares con estrella · Por Eduardo Bueso Lugares con estrella · Por Eduardo Bueso

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SI RAINIERO LEVANTARA LA CABEZA

03 Jun 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Cultura, Gastronomía

Cucharas de servicio preparadas en la mesa del Hôtel du Palais de Biarritz. (Foto: E. B.)

Desde San Sebastián

Por Mikel Corcuera

Premio Nacional de Gastronomía

Mucho más moderna que el pil pil o la vizcaína es la otra receta histórica vasca del bacalao: el bacalao Club Ranero.

El parto de la misma se produjo en fecha incierta, probablemente por la década de los treinta, del pasado siglo. En todo caso antes de 1933 ya que aparece por vez primera reseñado en la primera edición del libro “La cocina Completa” escrito por la bilbaína María Mestayer de Echague, la autoproclamada Marquesa de Parabere. Su autor, el francés Alejandro Caveriviere, ilustre cocinero de la no menos ilustre Sociedad Bilbaína.

Poco pudo sospechar el chef  bordelés, aquel día de asueto en el entonces popular Txakoli de Tablas que estaba situado en lo que es hoy esquina Licenciado Poza y Gregorio de la Revilla, en pleno centro de Bilbao, y en el que jugaba los días de asueto a la rana con los amigos (crearon hasta una sociedad formada por grandes aficionados al juego de la rana, llamado Club Ranero), que aquella ocurrencia (seguramente para que cundiera más la cazuela de bacalao que llevaban para merendar) de ilustrar con una fritada o pisto una cazuela de bacalao al pil pil, iba a ser durante muchos años el referente más importante de la cocina vizcaína del bacalao junto con los oficiados a la vizcaína y el propio pil pil. Esta receta tiene cierto parecido con una receta catalana “Samfaina de bacalla”, si bien en la receta catalana no interviene el pil pil de base (es un bacalao tan sólo frito) y además en la fórmula vasca originaria no se emplea nunca  la berenjena.   

Por cierto; hace ya una sarta de años recuerdo que en una tasca madrileña (ya desaparecida) me interesó un plato de la carta que tenía un nombre de mucho ringo rango: “Bacalao a la Monegasca”. Cuando llegó éste a mi mesa me percaté que era un bacalao al pil pil con un pisto o fritada. Al indagar el porqué de su curioso nombre, el mismo camarero me desveló que se trataba en realidad de un: “Bacalao Club Rainiero” (sic), el de Mónaco, por supuesto, nos dijo todo convencido… No pudimos aguantar la carcajada en nuestra mesa.

Texto: Mikel Corcuera. Fotos: Eduardo Bueso. Texto y fotos: copyright

El faro de Biarritz desde el Hôtel du Palais. (Foto: E. B.)

BECHAMEL: SALSA MADRE, PERO EL LIO PADRE

26 May 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Hoteles

Playa de La Concha al atardecer. Foto: Eduardo Bueso

Desde San Sebastián

Por Mikel Corcuera

Premio Nacional de Gastronomía

Es de sobra conocido que la salsa bechamel es la crema básica“salsa madre” de las croquetas y otros numerosos fritos.

Pero sin duda lo más incierto es su origen. Las memorias apócrifas de la marquesa de Créqui, del siglo XIX, le atribuyen la creación de esta salsa a Louis de Béchameil, marqués de Nointel, (1630-1703). Quien ocupó el cargo de mayordomo en la corte de Luis XIV. Era, sin duda, un auténtico gourmet y un caballero de gustos y modales extremadamente refinados. Fue además un financiero importante y, según el pensador y socialista utópico Saint-Simon, “amante de la pintura, de las piedras preciosas, de los bellos edificios, de los jardines y de la buena mesa”.  Y es que a Louis de Béchameil también se le ha atribuido (un tanto legendariamente) la invención del “volován” y del “ragout à la financière”.

Posiblemente la salsa en cuestión se trata de una receta antigua, perfeccionada por su cocinero, quien posteriormente se la dedicó a él, como era costumbre en aquella época. Por otra parte su originario nombre Béchameil aparece transformado en Béchamelle en el libro de Vincent de la Chapelle “Le Cuisinier moderne” de 1735, perdiendo la mayúscula a finales del siglo XVIII, por lo que desde entonces la conocemos como béchamell o béchamel.

En la antigua receta no figuraba la leche, pero sí un fondo de jugo de ternera, que hoy ha desaparecido (si no es como mero complemento). Un contemporáneo de Béchameil,  pero bastante mayor que él, el duque d´Escars, hombre corroído por la envidia, hacía este malévolo comentario al respecto de la invención de esta salsa por el marqués: “¡Está feliz, ese pobre Béchameil! Yo he hecho servir lonjas de pechugas de ave a la crema más de veinte años, antes de que él viniese al mundo y, ya veis, nunca he tenido la felicidad de poder dar mi nombre a la más humilde salsa”.

De todas formas  de entre las diversas teorías sobre su origen que tiene más consistencia es la que se le adjudica su creación al chef François Pierre de la Varenne (1615-1678) cocinero de Luis XIV y contemporáneo de Béchameil, fundador de la cocina clásica francesa. Escribió el libro Le Cuisinier François en 1651 (obra clave que señala el paso de la cocina medieval de antaño a la alta cocina moderna) y donde indudablemente por primera vez se tiene constancia escrita de esta receta, la cual llevaría el nombre como una lisonja al influyente marqués. Sea como fuere ahí permanece impertérrita esta receta siglos después. Se atribuye a Paul Bocuse una frase que fue todo un símbolo de cómo las ideas reformadoras de la Nouvelle Cuisine no podían desconocer la cocina “de siempre”: “Todo cocinero que se precie debe saber hacer una bechamel, aunque nunca la utilice”.

Se puede llevar más lejos la cosa en el terreno práctico. Cuando se inaugura una taberna de corte moderno, o sea, de mucha espuma, foie gras y esferificaciones, “la prueba del nueve” que se suele hacer, por supuesto, de forma discreta y anónima, es la de pedir dos cosas aparentemente bien simplonas e inocentes: un pincho de tortilla de patata y una croqueta (o algún frito que lleve bechamel). Suele haber más llantos que risas. Pues bien, pese a ser una de las salsas más hogareñas que existen, se ha perdido, por el apresuramiento del mundo actual, una de sus condiciones básicas: la paciencia. O sea, mucha muñeca y tiempo. Otra cosa son las elaboradas con modernas gelatinas. Que son, sin duda, cremas fluyentes y maravillosas pero no tienen el toque artesanal bastante más dificultoso de las bechameles tradicionales.

Texto: Mikel Corcuera. Fotos: Eduardo Bueso. Texto y fotos: copyright

Cena en el Hôtel du Palais de Biarritz. Foto: E. B.

HÁGALO SENCILLO

19 May 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Hoteles, Restaurantes, Vinos

Restaurante Txuleta de San Sebastián (Foto: E.B.)

Desde San Sebastián

Por Mikel Corcuera

Premio Nacional de Gastronomía

El precursor, -llamémosle un tanto ampulosamente- “ideológico” del movimiento renovador de la “Nouvelle Cuisine” que tanta influencia tuvo en la trasformación de nuestra cocina de los años setenta del pasado siglo y de todo lo que ha venido después, no es otro que Maurice Edmond Sailland, más conocido por su seudónimo de Curnonsky, que fue proclamado por los gastrónomos parisinos, coetáneos del escritor, como “Príncipe de los Gastrónomos” y “Secretario perpetuo de los sicólogos del Gusto”.

Pues bien, a punto de cumplir setenta y seis años, exactamente en 1948, publicó, una pequeña obra, un recetario glosado de “Cocina sencilla” titulado Á l´infortune du pot . Quien había comido en las mesas mas lujosas y los manjares mas opíparos, quien conocía como su propia casa, los mejores y más encopetados restaurantes parisinos y de toda Francia (entonces era decir del mundo, con entidad culinaria) quien había tocado el cielo gastronómico… desciende a lo “terrenal” en esta obra y nos habla de los productos más sencillos -no por ello menos sublimes- con recetas hogareñas. Y en donde, recalca  especialmente, que “hay que conservar la Alta Cocina sabiendo prescindir de ella”. 

O sea, que no todo se reduce a esta culinaria de alto “standing”. Es más, dirigiéndose a sus potenciales lectoras, les formula esta interrogante: “¿De verdad le preocupa querida ama de casa francesa, no poner en todos sus platos trufas, foie gras, caviar, supremas, canapés y todas esas maravillas bautizadas con nombres de batallas o de olvidados diplomáticos?”

Collage: NONO

Curnonsky reafirma poco después, algo que esta de plena vigencia hoy día: “la cocina sofisticada es un trabajo selecto que no admite el adocenamiento ni la mediocridad y que exige el talento y la erudición de auténticos artistas. Pero la parodia de la cocina sofisticada, lo que me atreveré a llamar la cocina de nuevo rico, es lo peor que en el mundo pueda encontrarse”.

Por ello preconizaba para la cocina algo que resumió en dos palabras: “hágalo sencillo”.

Texto: Mikel Corcuera. Collage: Juan Antonio Díaz “NONO”. Fotos: Eduardo Bueso. Texto, collages y fotos: copyright

“Negroni”, servido en el “Bar Imperial” del Hôtel du Palais de Biarritz (Foto: E.B.)

“PATATAS SOUFLÉS” COMO DORADOS GLOBOS

11 May 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Restaurantes, Viajes

“Adornos celestiales”. Imagen realizada con cámara Olympus en el Hôtel du Palais de Biarritz. Foto: E.B. (copyright)

Desde San Sebastián

Por Mikel Corcuera

Premio Nacional de Gastronomía

Hablando de la  siempre recurrente patata, el tubérculo más universal y gran tesoro que nos trajeron del otro lado del charco, hemos de recalar necesariamente en una preparación sencilla pero muy curiosa de esta solanácea, como son las patatas souflés. Esas patatas hinchadas, que parecen almohadillas  y que bien hechas (cosa nada fácil en la práctica) son una delicia que, pese a ser una receta nada novedosa, siempre sorprende a los comensales.

No es el primero ni el último caso, pero una vez más hay que señalar, que el “invento” de estas  patatas soufladas se dio por avatares del azar como sucedió en otro terreno, por supuesto mucho más relevante con el descubrimiento de algo tras trascendental para la salud de la humanidad como fue el de la penicilina por parte del Doctor Fleming.

Esperando al vino. Foto: E.B.

Con motivo de la inauguración de la primera línea férrea francesa, la de París a Saint Germain, el día 26 de agosto de 1837, se ofrecía un banquete fastuoso al final del trayecto a los personajes invitados que asistían a la inauguración, entre los que se encontraban los reyes y el resto de la  flor y nata de la sociedad francesa del momento. Al parecer,  en el menú preparado para festejar la ocasión estaban previstos, entre otras lindezas, los solomillos con patatas fritas. Pero, por esas cosas de la vida, luego hemos podido comprobar que es bastante común, el tren de la inauguración sufrió un retraso y el cocinero, apañadito él, que ya había iniciado la fritura de las patatas, para no servirlas frías, se vio obligado a sacarlas del aceite hirviendo, escurrirlas y reservarlas.

Cuando el rey Luis Felipe y la reina Amelia se sentaron en la mesa, el cocinero volvió a echar las patatas reservadas en la sartén con aceite hirviendo.  ¿Qué ocurrió? ¡Oh, maravilla!, éstas se hincharon como si de buñuelos se tratara, quedando ligeras, maravillosas, convertidas en leves y dorados globos que además de una presentación impactante,  resultaban también deliciosas.

Texto: Mikel Corcuera. Collage: Juan Antonio Díaz “NONO”. Foto: Eduardo Bueso. Texto, collages y fotos: copyright

Collage: Juan Antonio Díaz – NONO

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