Lugares con estrella · Por Eduardo Bueso Lugares con estrella · Por Eduardo Bueso

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PANES MONITORIZADOS

04 Ene 2019 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Restaurantes

Desde San Sebastián

Por Mikel Corcuera

Premio Nacional de Gastronomía

La pizza es una popular preparación italiana, de origen napolitano, cuya fórmula más simple consiste en cocer, teóricamente en un horno de panadero, una torta de pasta de pan guarnecida con tomate adicionado con parmesano o con Mozarella y aderezada con plantas aromáticas. 

La pizza napolitana ha dado la vuelta al mundo siguiendo el ritmo de las migraciones de los italianos, que han abierto en todas las grandes ciudades de Europa y de América del Norte muchas pizzerías, pequeños restaurantes populares y típicos, que ofrecen como es sabido pastas de todo tipo, pizzas y otras especialidades de la península.

La palabra pizza se deriva de un verbo que significa “poner picante, sazonar.” El mismo verbo ha dado nombre a la preparación “a la pizzaiola”, mezcla picante de salsa de tomate, tiras de pimiento, plantas aromáticas (tomillo, mejorana, laurel) y ajo, que sirve para acomodar pastas, chuletas de cerdo o parrilladas.

El plato en sí, no es tan  antiguo; data de la popularización del tomate en Italia, cosa que ocurrió en el año 1554, que fueron traídos en bajeles españoles.

Según los puristas del plato, éste es perfecto en su sencillez.  Dorada Venus de las empanadas tal y como nos recordaba Néstor Luján en su “Carnet de ruta”, la pizza clásica sólo tiene tres irrefutables normas: alla porta Sant Gennaro, o sea con albahaca, alla marinara y la margherita.

Copas de tinto y blanco en el salón de entrada al hotel Iriarte Jauregia, cerca de Tolosa. Foto: Eduardo Bueso

La de la porta San Gennaro, sazona la harina con aceite, sal, pimienta, queso y cinco o seis pulgadas de albahaca. La marinara demanda aceite y tomate o setas, aceite y tomate o queso y tomate, y va siempre perfumada con orégano y ajo. Hay quien le añade filetes de anchoa en conserva, cosa que se ha convertido en una costumbre muy generalizada. La margherita es como la pizza anterior con mozzarella y debe su nombre a la reina Margherita, esposa del rey Humberto I. Según nos relata la historia, durante el verano de 1889, la real pareja se achicharró literalmente en Capodimonte. Quisieron conocer la pizza, tan popular  y apreciada. La reina era una Saboya, prima de su esposo, princesa altanera, dignísima e intransigente y como era de esperar, no podía soportar el aroma fuerte e insolente del ajo, tan grato por otra parte a otros paladares reales como el de Enrique IV de Francia que olía a ajos a cien leguas a la redonda. Por eso, cuando llegaron a Nápoles, los mayores elaboradores de pizza del momento, decidieron elaborar una variedad sin ajo que no molestase el paladar de la reina. Y así nació la Margherita, hoy universalmente conocida, realizada con harina, tomate, aceite de oliva y queso mozarella. ¡Pero sin ajo¡

Texto: Mikel Corcuera

El HELADO: DELICIA DE LOS PEREZOSOS

15 Sep 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Restaurantes

Entrada al restaurante Akelarre en San Sebastián (Igueldo/Igeldo) . (Foto: E. B.)

Desde San Sebastián

Por Mikel Corcuera

Premio Nacional de Gastronomía

No podemos dejar pasar el verano sin hablar de aquello que a Brillant Savarin le gustaba titular “la delicia de los perezosos”, el maravilloso helado, una palabra mágica, fría caricia del paladar.

Luis y un helado gigante. (Foto: E. B.)

Remontándonos a la prehistoria de los sorbetes o helados, se sabe  que ya los chinos usaban el hielo para conservar los alimentos desde mil años antes de nuestra era, y además elaboraban una especie de sorbetes, muy ancestrales. Para ello, dejaban escurrir en las paredes exteriores de unos recipientes conteniendo almíbar, una mezcla de nieve y sal.

Pero en nuestra cultura mediterránea atribuimos legendariamente el primer sorbete al emperador Nerón -sumamente culto y refinado- que hacia servir a sus invitados una mezcla de frutas majadas en nieve (que traía de los Apeninos o los Alpes) con miel.

Es a partir del siglo XVIIII cuando se perfeccionan los sistemas de congelación y las máquinas de helados, surgiendo el concepto del helado nieve frente al llamado helado hielo.

Helado de mantecado y fresas, del restaurante La Fragua de Jaca, Huesca. (Foto: E. B.)

Un miembro del sequito de Catalina de Medicis, Francesco Procopio, un siciliano, abrió el primer café de París, “Le Procope”, en el año 1686. Al parecer, las ofertas entre helados y sorbetes rondaban el centenar.

Helado de Turrón de almendra del restaurante Lasa de Vergara, Guipúzcoa. (Foto: E. B.)

Desde entonces, este placer untuoso tiene millones de abonados. Podríamos haber escogido cualquier prodigio helado de los que se hacen hoy en día,  pero nuestras dudas se han resuelto con dos laminerías dentro de las golosinas de una misma casa  el restaurante donostiarra Akelarre: el Gin tonic helado y el no menos impactante Cienhojas de melocotón asado con un electrizante helado de su escabeche, de hace ya unos años pero que resultan imborrables de nuestra memoria gustativa.

Texto: Mikel Corcuera. Fotos: Eduardo Bueso. Texto y fotos: copyright

Bizcocho casero, crema de frutas y helado de arroz con leche, del restaurante El Foro de Zaragoza. (Foto: E. B.)

HOTEL ITURREGI (GUETARIA) MUCHO MÁS QUE UN HOTEL

14 Sep 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Hoteles, Restaurantes, Sin categoría, Viajes

Fachada principal. La habitación del último piso es la mejor (suite Getaria). (Foto: E. B.)

Hemos vuelto a pasar un par de noches en este mágico establecimiento de Guetaria /Getaria cercano a San Sebastián: el hotel Iturregi, dirigido con acierto por la borgoñona, Lucie Leprêtre.

Como ya les hemos hablado de este hotel en otra ocasión, las fotos que ilustran este reportaje no son solamente de sus estancias, sino de su cuidado entorno y sus magníficos jardines repletos de flores en esta época del año (segunda semana de septiembre).

Escaleras del edificio. (Foto: E. B.)

Construido sobre las ruinas de un antiguo caserío en el municipio de Guetaria, combina la magia y la proximidad del entorno rural con la comodidad y los servicios de un gran hotel de lujo.

Inaugurado en 2007, ofrece unas espectaculares vistas al faro de Guetaria y a toda la costa vasca. Consta de seis habitaciones dobles y dos suites, todas decoradas por Daniel Rotaeche.

Suite Getaria

Suite Getaria

Baño de la suite Getaria

Cada una de las habitaciones de este antiguo caserío cuenta con su nombre propio, evocando los paisajes y la geografía de la provincia guipuzcoana. Así, Zarauz, Zumaia, Igeldo o Getaria son sólo algunos de los lugares que dan nombre en euskera a estas amplias y luminosas estancias, en las que, además, se ha cuidado al máximo la distribución, el tamaño y los acabados de los cuartos de baño, de forma que quedan perfectamente integrados con el resto de la habitación.

Piscina del hotel Iturregi. (Foto: E. B.)

Entre otros servicios, Iturregi ofrece, un room service para disfrutar de la cena en la habitación y un suculento desayuno elaborado con productos tradicionales de la zona, como fruta fresca, queso local, yogures caseros o bollería recién hecha.

Jardines del hotel. (Foto: E. B.)

Aunque si algo destaca de los servicios que ofrece este tranquilo hotel, es su piscina construida sobre las ruinas del antiguo caserío del que aún se conserva el arco de entrada. Sus salones (uno interior dotado de chimenea y otro exterior bajo los soportales, con vistas a las praderas que circundan la mansión), son muy atractivos.

Balcón de la suite Getaria. (Foto: E. B.) 

En el interior podemos disfrutar de un cocktail bar, en el que podremos preparar nuestros combinados preferidos a modo de self service, mientras leemos o disfrutamos (en días fríos) de la chimenea encendida junto a nosotros. Y en el exterior tendremos el placer de fumar un buen habano… sin molestar a nadie, mientras, al fondo, más abajo las luces de Guetaria se funden con el mar, bajo la “supervisión” del faro.

Vista nocturna de Getaria desde la habitación del hotel. (Foto: E. B.)

Creo que es un buen consejo el que les anime a pasar unos días. Septiembre y octubre son fechas (climáticamente) idóneas. Ya tenemos realizada la reserva para 2019.

Recepción del hotel Iturregi. (Foto: E. B.)

Foto: E. C. 

Texto y fotos: Eduardo Bueso (ambos copyright)

Fotos de las flores: E. C.  (copyright)

Las tres fotos del interior de la suite son gentileza del hotel Iturregi

Una de las miles de flores de los jardines que rodean al hotel Iturregi (Foto: E. C.)

LA OPINIÓN DE LOS VIAJEROS (GASTRONÓMICOS)

11 Ago 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Cultura, Gastronomía, Viajes, Vinos

Imagen realizada desde una habitación del Hôtel du Palais (Biarrtiz). Foto: E. B. 

Desde San Sebastián

Por Mikel Corcuera

Premio Nacional de Gastronomía

Los vascos, hoy nos creemos (a veces), el ombligo del mundo gastronómico. Pero no siempre fue así. Porque hasta bien entrado el siglo XIX no han sido muy generosos con nuestra tierra vasca en sus aspectos alimenticios y culinarios, los viajeros procedentes de Europa que ocasionalmente nos visitaron. Y es que, nuestra cocina de siglos pasados fue realmente pobre, de pura subsistencia. Hasta la llegada del ferrocarril (del maquinismo y de la revolución industrial), no pusimos nuestros relojes en hora europea.

Así el peregrino Aymeric Picaud en el “Codex Calixtinus” del año 1148, a su paso por Bayona lanza estos “piropos”… “Este país habla un lenguaje bárbaro, es selvoso, montañoso, carece de pan, vino y demás elementos materiales… pero está provisto de manzanos, garbanzos y leche”. 

Mucho más tarde son positivas las palabras de otro viajero gastrónomo, el gran escritor Alejandro Dumas que recuerda su paso por Tolosa (por entonces capital de Guipúzcoa), el 6 de Octubre de 1846, con estas palabras: “Aquella misma noche tomaron una diligencia y al amanecer llegaron a Tolosa… al llegar, el postillón paró y les dijo que bajasen a desayunar. Entramos en una especie de posada donde tomamos chocolate, que era excelente, y se acompañó junto a cinco vasos de agua con una especie de panecillos blancos, que nos eran desconocidos, que se disolvían en el agua y la hacían mas dulce y perfumada”.

Dumas se refería en este caso al refresco vasco por excelencia del siglo XIX y comienzos del XX: los bolados de azúcar. Muy similares a los azucarillos madrileños, aquellos que pregonaban los vendedores ambulantes, ya que se vendían en los puestos callejeros de los aguadores, llamados aguaduchos, donde se anunciaban al grito de: “Agua, azucarillos y aguardiente”. Como la popular  zarzuela homónima de Federico Chueca,  estrenada en el teatro Apolo de Madrid el 23 de junio de 1897. Vamos, ayer…

Texto: Mikel Corcuera. Fotos: Eduardo Bueso. Texto y fotos: copyright.

Imagen tomada al atardecer de una escultura en homenaje a los pescadores vascos. Foto: E. B. 

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