Lugares con estrella · Por Eduardo Bueso Lugares con estrella · Por Eduardo Bueso

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El HELADO: DELICIA DE LOS PEREZOSOS

15 Sep 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Restaurantes

Entrada al restaurante Akelarre en San Sebastián (Igueldo/Igeldo) . (Foto: E. B.)

Desde San Sebastián

Por Mikel Corcuera

Premio Nacional de Gastronomía

No podemos dejar pasar el verano sin hablar de aquello que a Brillant Savarin le gustaba titular “la delicia de los perezosos”, el maravilloso helado, una palabra mágica, fría caricia del paladar.

Luis y un helado gigante. (Foto: E. B.)

Remontándonos a la prehistoria de los sorbetes o helados, se sabe  que ya los chinos usaban el hielo para conservar los alimentos desde mil años antes de nuestra era, y además elaboraban una especie de sorbetes, muy ancestrales. Para ello, dejaban escurrir en las paredes exteriores de unos recipientes conteniendo almíbar, una mezcla de nieve y sal.

Pero en nuestra cultura mediterránea atribuimos legendariamente el primer sorbete al emperador Nerón -sumamente culto y refinado- que hacia servir a sus invitados una mezcla de frutas majadas en nieve (que traía de los Apeninos o los Alpes) con miel.

Es a partir del siglo XVIIII cuando se perfeccionan los sistemas de congelación y las máquinas de helados, surgiendo el concepto del helado nieve frente al llamado helado hielo.

Helado de mantecado y fresas, del restaurante La Fragua de Jaca, Huesca. (Foto: E. B.)

Un miembro del sequito de Catalina de Medicis, Francesco Procopio, un siciliano, abrió el primer café de París, “Le Procope”, en el año 1686. Al parecer, las ofertas entre helados y sorbetes rondaban el centenar.

Helado de Turrón de almendra del restaurante Lasa de Vergara, Guipúzcoa. (Foto: E. B.)

Desde entonces, este placer untuoso tiene millones de abonados. Podríamos haber escogido cualquier prodigio helado de los que se hacen hoy en día,  pero nuestras dudas se han resuelto con dos laminerías dentro de las golosinas de una misma casa  el restaurante donostiarra Akelarre: el Gin tonic helado y el no menos impactante Cienhojas de melocotón asado con un electrizante helado de su escabeche, de hace ya unos años pero que resultan imborrables de nuestra memoria gustativa.

Texto: Mikel Corcuera. Fotos: Eduardo Bueso. Texto y fotos: copyright

Bizcocho casero, crema de frutas y helado de arroz con leche, del restaurante El Foro de Zaragoza. (Foto: E. B.)

HOTEL ITURREGI (GUETARIA) MUCHO MÁS QUE UN HOTEL

14 Sep 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Hoteles, Restaurantes, Sin categoría, Viajes

Fachada principal. La habitación del último piso es la mejor (suite Getaria). (Foto: E. B.)

Hemos vuelto a pasar un par de noches en este mágico establecimiento de Guetaria /Getaria cercano a San Sebastián: el hotel Iturregi, dirigido con acierto por la borgoñona, Lucie Leprêtre.

Como ya les hemos hablado de este hotel en otra ocasión, las fotos que ilustran este reportaje no son solamente de sus estancias, sino de su cuidado entorno y sus magníficos jardines repletos de flores en esta época del año (segunda semana de septiembre).

Escaleras del edificio. (Foto: E. B.)

Construido sobre las ruinas de un antiguo caserío en el municipio de Guetaria, combina la magia y la proximidad del entorno rural con la comodidad y los servicios de un gran hotel de lujo.

Inaugurado en 2007, ofrece unas espectaculares vistas al faro de Guetaria y a toda la costa vasca. Consta de seis habitaciones dobles y dos suites, todas decoradas por Daniel Rotaeche.

Suite Getaria

Suite Getaria

Baño de la suite Getaria

Cada una de las habitaciones de este antiguo caserío cuenta con su nombre propio, evocando los paisajes y la geografía de la provincia guipuzcoana. Así, Zarauz, Zumaia, Igeldo o Getaria son sólo algunos de los lugares que dan nombre en euskera a estas amplias y luminosas estancias, en las que, además, se ha cuidado al máximo la distribución, el tamaño y los acabados de los cuartos de baño, de forma que quedan perfectamente integrados con el resto de la habitación.

Piscina del hotel Iturregi. (Foto: E. B.)

Entre otros servicios, Iturregi ofrece, un room service para disfrutar de la cena en la habitación y un suculento desayuno elaborado con productos tradicionales de la zona, como fruta fresca, queso local, yogures caseros o bollería recién hecha.

Jardines del hotel. (Foto: E. B.)

Aunque si algo destaca de los servicios que ofrece este tranquilo hotel, es su piscina construida sobre las ruinas del antiguo caserío del que aún se conserva el arco de entrada. Sus salones (uno interior dotado de chimenea y otro exterior bajo los soportales, con vistas a las praderas que circundan la mansión), son muy atractivos.

Balcón de la suite Getaria. (Foto: E. B.) 

En el interior podemos disfrutar de un cocktail bar, en el que podremos preparar nuestros combinados preferidos a modo de self service, mientras leemos o disfrutamos (en días fríos) de la chimenea encendida junto a nosotros. Y en el exterior tendremos el placer de fumar un buen habano… sin molestar a nadie, mientras, al fondo, más abajo las luces de Guetaria se funden con el mar, bajo la “supervisión” del faro.

Vista nocturna de Getaria desde la habitación del hotel. (Foto: E. B.)

Creo que es un buen consejo el que les anime a pasar unos días. Septiembre y octubre son fechas (climáticamente) idóneas. Ya tenemos realizada la reserva para 2019.

Recepción del hotel Iturregi. (Foto: E. B.)

Foto: E. C. 

Texto y fotos: Eduardo Bueso (ambos copyright)

Fotos de las flores: E. C.  (copyright)

Las tres fotos del interior de la suite son gentileza del hotel Iturregi

Una de las miles de flores de los jardines que rodean al hotel Iturregi (Foto: E. C.)

LA OPINIÓN DE LOS VIAJEROS (GASTRONÓMICOS)

11 Ago 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Cultura, Gastronomía, Viajes, Vinos

Imagen realizada desde una habitación del Hôtel du Palais (Biarrtiz). Foto: E. B. 

Desde San Sebastián

Por Mikel Corcuera

Premio Nacional de Gastronomía

Los vascos, hoy nos creemos (a veces), el ombligo del mundo gastronómico. Pero no siempre fue así. Porque hasta bien entrado el siglo XIX no han sido muy generosos con nuestra tierra vasca en sus aspectos alimenticios y culinarios, los viajeros procedentes de Europa que ocasionalmente nos visitaron. Y es que, nuestra cocina de siglos pasados fue realmente pobre, de pura subsistencia. Hasta la llegada del ferrocarril (del maquinismo y de la revolución industrial), no pusimos nuestros relojes en hora europea.

Así el peregrino Aymeric Picaud en el “Codex Calixtinus” del año 1148, a su paso por Bayona lanza estos “piropos”… “Este país habla un lenguaje bárbaro, es selvoso, montañoso, carece de pan, vino y demás elementos materiales… pero está provisto de manzanos, garbanzos y leche”. 

Mucho más tarde son positivas las palabras de otro viajero gastrónomo, el gran escritor Alejandro Dumas que recuerda su paso por Tolosa (por entonces capital de Guipúzcoa), el 6 de Octubre de 1846, con estas palabras: “Aquella misma noche tomaron una diligencia y al amanecer llegaron a Tolosa… al llegar, el postillón paró y les dijo que bajasen a desayunar. Entramos en una especie de posada donde tomamos chocolate, que era excelente, y se acompañó junto a cinco vasos de agua con una especie de panecillos blancos, que nos eran desconocidos, que se disolvían en el agua y la hacían mas dulce y perfumada”.

Dumas se refería en este caso al refresco vasco por excelencia del siglo XIX y comienzos del XX: los bolados de azúcar. Muy similares a los azucarillos madrileños, aquellos que pregonaban los vendedores ambulantes, ya que se vendían en los puestos callejeros de los aguadores, llamados aguaduchos, donde se anunciaban al grito de: “Agua, azucarillos y aguardiente”. Como la popular  zarzuela homónima de Federico Chueca,  estrenada en el teatro Apolo de Madrid el 23 de junio de 1897. Vamos, ayer…

Texto: Mikel Corcuera. Fotos: Eduardo Bueso. Texto y fotos: copyright.

Imagen tomada al atardecer de una escultura en homenaje a los pescadores vascos. Foto: E. B. 

SERVICIO DE MESA: HORROR DE LO VACÍO

08 Jul 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Cultura, Gastronomía, Restaurantes, Vinos

Atardecer en Igueldo (Guipúzcoa). Foto: E. B.

Desde San Sebastián

Por Mikel Corcuera

Premio Nacional de Gastronomía 

Tantos días de fiesta seguidos y una avalancha de amigos, morritos finos que peregrinaron recientemente hasta San Sebastián para acompañarnos y disfrutar comiendo, me ha vuelto a desatar una de mis preocupaciones obsesivas por la que llevo predicando en el desierto tan inútilmente como Simón el Estilita, visto por Buñuel: el servicio de nuestros restaurantes.

Me lo decía hace una década un jefe de estudios de una de las más destacadas escuelas de hostelería del país: “Más del noventa por ciento de los alumnos, optan por la cocina pasando olímpicamente del servicio de sala”. Esto ha cambiado mucho gracias a las numerosas  y potentes escuelas de cocina, y por supuesto del efecto positivo tras la irrupción hace ya una década del Basque Culinary Center.

A pesar de todo no es difícil todavía oír en la calle: “Para eso del servicio no hace falta estudiar y cualquiera vale”.

Reflejo de copas de champagne en el bar “Resaca” de San Sebastián. Foto: E. B.

Hay muchos factores que contribuyen a que el servicio de nuestros restaurantes sea una asignatura pendiente, de difícil solución. La conciencia de que servir es sinónimo de servilismo o la de considerar que los vascos somos así, de “jatorras”, que preferimos comer bien a todas esas “tontadas” como si fueran términos excluyentes entre sí. Unido además a una relativa verdad; que mantener un buen servicio resulta caro y difícilmente asumible por nuestros comensales, cuando llega “la dolorosa”. Pero ¿es que la zafiedad, los malos modos, la antipatía por defecto o el tuteo indiscriminado por exceso, en definitiva estos hábitos nefastos son tan caros de resolver?

El célebre (sobre todo por la película) François Vatel (París, 1631 – Chantilly, 24 de abril de 1671) decía: “El trinchador (una función del mayordomo) tiene que ser escrupuloso en su comportamiento; su porte debe ser grave y digno, y alegre su apariencia. Ha de tener ojo sereno, la cabeza erguida y bien peinada y, en lo posible, debe abstenerse de estornudar, bostezar o torcer la boca, sus palabras deben ser muy escasas o precisas y no deben mantenerse ni demasiado cerca ni demasiado lejos de la mesa”. O como determinan las normas clásicas “un mayordomo en la mesa debe cuidarse fundamentalmente de los platos de cada invitado y su primer deber es mantenerlos siempre llenos así como su copa”, en definitiva el camarero ideal… no como los escultores de vanguardia: “Debe tener horror de lo vacío”.

Texto: Mikel Corcuera. Fotos: Eduardo Bueso. Texto y fotos: copyright

Playa de La Concha de San Sebastián. Foto: E. B. 

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