Lugares con estrella · Por Eduardo Bueso Lugares con estrella · Por Eduardo Bueso

COMER (BIEN) EN GUIPÚZCOA: RESTAURANTE BAILARA (IRIARTE JAUREGIA HOTEL)

13 Ene 2020 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Fotos, Gastronomía, Hoteles, Restaurantes, Viajes, Vinos

Hotel Iriarte Jauregia; en su planta baja se ubica el restaurante Bailara (Foto: E. B.)

Hace unos días Lugares con Estrella se ha desplazado hasta Bidania muy cerca de Tolosa. Allí se ubica el Iriarte Jauregia, un hotel exquisito al que no nos cansamos de ir (y de aconsejar). Jauregui, vocablo vasco, se traduce al castellano como palacio. Así, el Palacio de Iriarte construido en el siglo XVII, es desde 2009 un reluciente hotel de cuatro estrellas situado a ocho kilómetros de la nacional que conecta Madrid con Irún, en Bidania – Bidegoian, muy cerca de Tolosa.

Vistas desde una de las habitaciones del Iriarte Jauregia  (Foto: E. B.)

El palacio Iriarte lleva siglos unido a la historia de Bidania. La que fuera la primera edificación de la localidad se cree que data de antes del año 1600. El robusto armazón de piedra con cubierta de teja y blasón en el frente, sobre la hilera de balcones, se asienta sobre una llanura de la que aprovecha siete mil metros cuadrados de espacio ajardinado, provistos de árboles centenarios dentro de los límites de la finca. Al otro lado del muro de piedra, un puñado de caseríos y el paisaje de bosques y montañas propios del interior de la provincia.

Imagen nocturna del hotel Iriarte Jauregía. (Foto: E. B.)

De noche, un vistoso juego de luces ilumina fachada y jardín. Un pórtico acristalado de tres arcos conduce a la entrada principal, empedrada, y de ésta al atrio columnado, justo antes de pasar por recepción. Desde ella se advierte el resultado de la rehabilitación, respetuosa, pero también algo intervencionista para airear el paso del tiempo. Los salones nobles y señoriales, y el recorrido por las zonas comunes, no saben a rancio, muy al contrario, en ellos priman la luminosidad y la exhibición de contadas piezas de anticuario, seleccionadas para no empalagar, combinadas con recursos resueltos con materiales actuales como el cristal o el hierro. Eso sí, no falta una buena chimenea de piedra, cálidas alfombras, piso de madera crujiente… En la biblioteca, maderas nobles, lámparas de cristal, espejos y cuadros de marcos dorados. En las habitaciones se siente el peso de la historia, pero se enjuaga con colores neutros, texturas más contemporáneas o cuartos de baño transparentes.

Restaurante Bailara (Foto: E. B.)

Pero vayamos a lo que nos ocupa: su restaurante, de nombre Bailara, dirigido por el chef Enrique Fleischmann; tras años de formación continua y ejemplar, con reputados cocineros como Iñaki Agirre, Karlos Arguiñano, Juan Mari Arzak y Paul Bocuse, fue segundo de cocina durante siete años en el restaurante Akelarre de Pedro Subijana (en el departamento de I+D+i). Se trata de un mexicano (se notan mucho esas raíces en numerosos detalles de su culinaria) que llegó a Guipúzcoa para quedarse.

En el restaurante Bailara también se sirven los desayunos (Foto: E. B.)

Fleischmann ofrece propuestas cambiantes y plenas de emoción en su atrayente menú. Entre ellas figuran unas delicadas galletas de langostinos crujientes, con excelente crema de aguacate, brotes de invierno y vinagreta de anchoas caseras, un peculiar revuelto de hongos donde el huevo lo convierte en perlas, un risotto al que aporta textura con el empleo de gustosas vieiras y un bacalao glaseado con sus callos delicadamente aromatizados, (canela, miel, sal de gambas y flores).

Feliz reinterpretación de la «Merluza en salsa verde» (Foto: E. B.)

Una feliz reinterpretación de la merluza en salsa verde, así como la paletilla de cordero marinada, asada y deshuesada, el soberbio pichón de Bresse rostizado con pipián verde (salsa mexicana de semillas de calabaza tostadas, cebolla y ajo, tomates verdes, especias y chile verde) levemente picante. Y también un refinado taco de carne que simula el carbonizado exterior del punto Pittsburg que consigue con tinta de chipirón. Y como guinda, algunos postres notables en los que se vuelve a apreciar la calidad de la materia prima y la precisión técnica de este gran profesional, tales como el helado oculto en arroz con leche caramelizado, queso, membrillo y nueces (las nueces en intxaursalsa y convertida esta en sutil espuma) o el irresistible cien hojas de chocolate. O sea, innovación, vanguardia y sabor en un entorno privilegiado.

Una de las bellísimas y confortables habitaciones del hotel Iriarte Jauregia (Foto: E. B.)

Advertencia importante: nuestra reciente visita (la tercera del año) casi coincidió con el cierre por vacaciones invernales de este hotel y, lógicamente, del restaurante. Antes de primavera reabre sus puertas. Este es un buen momento para planificar una escapada una vez pasados los fríos días de invierno.

Texto: Mikel Corcuera y Eduardo Bueso.

Fotos: Eduardo Bueso (copyright)

Imagen de la cúpula del Santuario de Loyola en Azpeitia, a pocos kilómetros del hotel Iriarte Jauregia (Foto: Eduardo Bueso)

“BORJA, TARAZONA, VERUELA Y EL MONCAYO”

28 May 2019 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Cultura, Fotos, Gastronomía, Hoteles, Libros, Restaurantes, Viajes, Vinos

Museo Parroquial de Borja. Foto: Santiago Cabello (Archivo Tintaura S.L.)

La Diputación de Zaragoza ha editado ‘Borja, Tarazona, Veruela y el Moncayo’, una nueva guía turística que ofrece información detallada para realizar un recorrido por esas zonas. La publicación es la última de la colección de guías que la institución provincial ha editado este mandato en torno a sus once rutas turísticas por la provincia.

«Con esta guía concluimos uno de los proyectos más importantes de este mandato en materia de turismo. Se trata de una de las rutas más reconocidas, por eso la hemos dejado para el final. En ella se conjugan lugares con gran riqueza histórica, patrimonial y natural», ha destacado el diputado delegado de Turismo de la DPZ, Bizén Fuster, en la presentación de este nuevo título.

Portada de la guía

La ruta está marcada por parajes naturales como el Moncayo, el río Queiles, el farallón de Los Fayos, la cueva de Caco, y el pozo de los Aines en Grisel. Patrimonialmente, destacan los conjuntos artísticos y arquitectónicos de las dos ciudades de la ruta, Borja y Tarazona. La antigua Bursao cuenta con su fortaleza musulmana, la colegiata de Santa María, las casas Aguilar (sede del Centero de Estudios Borjanos) y de Las Conchas, el convento de Concepcionistas, la casa consistorial y la plaza del Mercado, las iglesias de San Miguel y Santo Domingo o el Santuario de la Misericordia y su Ecce Homo. La antigua Turiaso, sede episcopal, muestra la catedral con su claustro y su cimborrio, la torre de La Magdalena, el palacio Episcopal, con su célebre Salón de Obispos, el palacio de Eguarás, la plaza de toros vieja, la renacentista casa consistorial o la mezquita de Tórtoles.

Además, la ruta permite admirar los castillos y recintos fortificados de Bulbuente, Trasmoz, Añón, Talamantes o Grisel. También las iglesias de Ainzón, Vera, Ambel, Litago, Lituénigo, San Martín, Los Fayos o Torrellas, así como las antiguas casas solariegas en Ainzón o la plaza mayor de Torrellas. Es el monasterio de Veruela, cenobio cisterciense desde el siglo XII, el enclave que condensa un mayor atractivo histórico y un patrimonio singular, con su puerta, iglesia, refectorio, claustro y espacios museísticos (hermanos Bécquer), que son un referente de actividades y que en breve contará con un parador.

La publicación no solamente se centra en lugares para visitar sino que ofrece información adicional para enriquecer el viaje como la relativa a la gastronomía, dominada por el vino de D. O. Campo de Borja y la D. O. Aceite Sierra del Moncayo. Completa esta oferta la micología, que ha hecho de San Martín de la Virgen del Moncayo el centro de referencia para visitar y asistir a jornadas y actividades.

Por la zona dejaron huella personajes célebres como el actor Paco Martínez Soria, cuya figura ha dado origen a un festival de cine especializado en Tarazona, o la también artista Raquel Meller. Ambos tiene un espacio en la publicación, en la que también se informa de recreaciones históricas reconocidas como la Feria de las Brujas y Maldición de Trasmoz, la del Comendador en Añón, la Leyenda de la Mora Encantada de Bulbuente, la Entrada de los Reyes Católicos en Borja y la Coronación del Emperador Carlos V en Tarazona, el Pesaje de los Niños en Lituénigo o la fiesta del Cipotegato en Tarazona.

«La guía trata de hacer ver que tenemos pueblos con un riquísimo patrimonio, y no solo los más conocidos. Todos los pueblos de nuestra provincia tienen atractivo suficiente para merecer una visita y por eso estas guías tienen tan buena acogida», ha resaltado Marisancho Menjón, autora de la publicación junto a Santiago Cabello, quien ha insistido en que la intención de estas guías es «conseguir que los visitantes se interesen por otros puntos con gran atractivo más allá de los monumentos más conocidos». «Hay que buscar más para ver cosas que muchas veces pasan desapercibidas, buscar atractivos que hacen el viaje más placentero y que pueden encontrarse en esta guía», ha añadido Cabello.

La DPZ ha editado 7.000 ejemplares de la publicación, dirigida tanto a los visitantes como a los habitantes de los municipios incluidos en ella. Como en otras ocasiones, se distribuirán en las oficinas de turismo, ayuntamientos y establecimientos hotel y podrá descargarse en formato PDF a través de la web de turismo de la DPZ: http://zaragozaturismo.dpz.es/

Junto a las guías de las once rutas por la provincia, la institución ha realizado fotografías panorámicas en 360 grados de algunos puntos, que ofrecen información adicional y que pueden disfrutarse en la siguiente página web:

http://www.zaragozaprovincia360.es/pt/mapa_rutas/

Monasterio de Veruela. Foto: Santiago Cabello (Archivo Tintaura S. L.)

RESTAURANTE EL CHURRASCO DE CÓRDOBA

15 Oct 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Cultura, Fotos, Gastronomía, Hoteles, Restaurantes, Sin categoría, Viajes, Vinos

La Mezquita de Córdoba a través de un móvil. (Foto: E. B.)

Recientemente, con temperaturas propias de agosto nos hemos acercado a Córdoba, ciudad a la que siempre nos apetece visitar una vez al año.

Para alojarnos tenemos la (buena) costumbre de acudir al hotel Eurostars Palace, más concretamente en la habitación 501, ya que es muy amplia y posee las mejores vistas.

Hotel Eurostars Palace. He indicado la que considero mejor habitación. (Foto: E. B.)

Se trata de un establecimiento moderno, con personal muy joven y sumamente agradable y profesional. En la terraza se ubica una espléndida piscina con un amplísimo bar… al aire libre y cubierto (según zonas) que se puede utilizar hasta la madrugada.

Piscina del hotel. (Foto: E. B.)

En la planta baja un restaurante para disfrutar de platos andaluces de calidad, junto a un gran ventanal desde el que se divisa la Puerta de Almodóvar que da acceso a la Judería.

Restaurante del hotel, en la planta baja. (Foto E. B.)

Nuestra primera visita la realizamos al restaurante El Churrasco, dirigido por su propietario Rafael Carrillo. El que conoce a Rafael, sabe de sus cualidades empresariales, gastronómicas y, sobre todo, humanas de esta gran persona, institución de la ciudad de Córdoba. Para el que no tiene el placer de conocerle, añadiría, que la amabilidad, el trabajo y la incesante e incansable actividad, son algunas de sus características fundamentales.

Rafael Carrillo, propietario del restaurante El Churrasco, en la bodeguilla. (Foto: E. B.)

Nos acompaña a visitar la bodeguilla, ubicada en una preciosa, enorme y perfectamente restaurada casa judía. A la entrada, en la penumbra, una jarrita de fino, casi helado, acompaña a unas copas de cata, alineadas milimétricamente, sobre un antiguo mantelito bordado de hilo. Recorremos las diferentes estancias, comedores, bodegas en las que conserva las joyas (enológicas) de la corona. En una enorme mesa, nos esperaba un plato de jamón y unas rebanadas de pan, sobre las que Rafael vierte con soltura y esplendidez aceite de oliva virgen, que sirvieron para acompañar al fino que portábamos en nuestras copas.

Rafael Carrillo vierte el aceite. (Foto: E. B.)

Nos asomamos al pozo, subimos hasta la terraza, desde donde casi se puede acariciar con la mano la torre de la Mezquita, espectáculo siempre grandioso.

Regresamos al restaurante, orillados por el lado de la sombra, ya que el sol, a esas horas, vuelve a picar. Allí nos aguarda una mesa en el comedor principal en la plata baja. Es uno de los muchos espacios que posee El Churrasco, distribuidos en ésta, su casa matriz y en varias aledañas. Antes de sentarnos, tenemos tiempo de visitar todas las estancias y sorprendernos del buen gusto y del mimo que se ha observado año tras año, para mantener la decoración auténtica, con sabor a historia.

Comedor de El Churrasco. (Foto: E. B.)

Allí degustamos un menú que se compuso de: berenjenas fritas acompañadas por salmorejo, gazpacho blanco de piñones, riñoncitos de cordero lechal a la plancha, rabo de toro (una de las especialidades) y lomo de buey de Los Pedroches al carbón de encina. Los postres: crustillante de gin-tonic helado con sorbete de limón y (algo imprescindible) tocinillo de cielo con una copa de Pedro Ximénez. 

Tocinillo de Cielo de El Churrasco. (Foto: E. B.)

Por la noche cenamos en un restaurante más desconocido, pero que recomiendo sin dudarlo: Casa Luque. Si están interesados pueden localizarlo en Google. Siempre con reserva previa (posee pocas mesas). Les gustará.

Diminuto comedor del restaurante Luque. (Foto: E. B.)

Otro día les hablaremos de Bodegas Campos. Otro templo cordobés de la alta gastronomía, que no hay que dejar de visitar… aunque algo “turistizado”… ¡Tiempos modernos¡

Comedor «de carta» de Bodegas Campos. (Foto: E. B.)

Texto y fotos: Eduardo Bueso (copyright)

Inconfundible imagen de la Mezquita de Córdoba. (Foto: E. B.)

COCINA MOLECULAR O INTUITIVA

08 Oct 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Fotos, Gastronomía, Hoteles, Restaurantes, Vinos

Red Velvet. (Foto: Eduardo Bueso)

Desde San Sebastián

Por Mikel Corcuera

Premio Nacional de Gastronomía

Sin duda que está muy de moda de unos años a esta parte algo que se ha venido en llamar cocina molecular que viene a ser la aplicación de la ciencia a la práctica culinaria y al fenómeno gastronómico.

El término fue acuñado ya hace tiempo por el científico francés Hervé This y por el físico húngaro Nicholas Kurti. Y que según sus autores, “es la ciencia dedicada a desentrañar los procesos científicos que esconde el trabajo diario en la cocina”. El objetivo de esta ciencia -simplificando el asunto- es refutar o confirmar todo aquello tradicionalmente aprendido en el mundo de la gastronomía, y el modo de mejorar las recetas ya existentes, creando otras nuevas. Y algo aún más importante, según el propio This: “llegar a través de la metodología científica a un público diverso, con un tema tan importante como la alimentación”.

Ambos investigadores han trabajado intensamente sobre la preparación científica de algunos alimentos y muchos cocineros de vanguardia han seguido con entusiasmo esta investigación, aplicada a sus creaciones principalmente en temas tan de actualidad como cocinar con nitrógeno líquido, las esferificaciones y la cocción al vacío, por señalar algunos.

De todas formas hay alguna voz crítica sobre este tema de tipo más bien terminológico. Como es la del importante investigador guipuzcoano Juan J. Iruin (Yanko para sus amigos) quien me confesaba hace un tiempo que, “para mí lo que está mal es el término molecular. Porque ello implicaría el controlar el tema gastronómico a nivel de las moléculas, a nivel microscópico. Y la cocina, hoy por hoy, es bastante intuitiva y macroscópica”.

Vistas desde una habitación del Hôtel du Palais de Biarritz. (Foto: E. B.)

Pero conviene señalar hace mucho más tiempo ya existía esta inquietud científica en la cocina. Hay fórmulas culinarias del recetario clásico que avalan lo dicho. Es el caso, por ejemplo, de la “Tortilla Alaska”. Llamada de muchas formas, (Alaska, Noruega o Sorpresa) todas ellas con un común denominador que no es una tortilla en el sentido estricto del término y tampoco es de origen noruego o de Alaska. Sino un invento de un físico americano Benjamín Thompson, que en 1804 quiso demostrar dentro de sus trabajos sobre el calor, que era posible cocer un helado, y fue el chef del hotel de París de Montecarlo: Jean Giroix quien llevo a cabo los deseos del físico americano y realizó esta preparación. El citado científico intentaba demostrar, consiguiéndolo, que la clara de huevo, era mala conductora del calor. Por eso, el plato experimento consistió en esta “falsa” tortilla, sólo elaborada con claras y azúcar. Es decir, un merengue italiano en el que se coloca en su interior un biscuit helado. Pese haberse calentado vivamente al horno y flambeado después con ron, el helado en su interior permanecía sin deshacerse. Hay también otra versión más antigua y no carente de fundamento por la que se atribuye este postre a los cocineros de la embajada china que oficiaron durante un tiempo en el Gran Hotel de París en el año 1866, ya que el helado rebozado y frito es desde muy lejanos tiempos conocido en esa grandiosa culinaria oriental.

Atardecer en el comedor «La Rotonde» del Hôtel du Palais de Biarritz. (Foto: E. B.)

De todas formas durante unos cuantos años, la gastronomía molecular ha buscado introducir la física y la química en la cocina; pero poco a poco se ha visto que esta disciplina no conseguiría “que comiéramos de la química”, ni de la física, ya que buscaba unos objetivos más racionales y lógicos.

Como prueba, el rotundo fracaso del químico Marcelin Berthelot que, en 1894, “profetizó” erróneamente que para el año 2000 la química de síntesis, gracias a las “pastillas nutritivas”, supliría la agricultura y la cocina. El gastrónomo francés Brillat-Savarin fue entonces más clarividente cuando señaló “El creador obliga al hombre a comer para vivir, a comer invita por apetito y lo recompensa por el placer. Una pastilla nutritiva no podría, evidentemente, estimular los receptores como lo hacen los alimentos”

Texto: Mikel Corcuera. Fotos: Eduardo Bueso. Texto y fotos: copyright

Torrija con helado de coco. (Foto: E. B.)

 

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