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JUEGOS PALABRARES: CAPÍTULO 7

29 Mar 2020 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Cultura, Libros

Como ya anticipé a los lectores, recientemente he editado un libro que le di el nombre de “Juegos Palabrares”. Dada su limitada edición, prácticamente no poseo más ejemplares. Como han sido muchos los que no lo han podido conseguir, a expensas de que realice una segunda edición, cada semana subiré un capítulo a este magazine de Lugares con Estrella.

Aquí adjunto el capítulo 7 de un total de 11. 

Hoy lo dedico a un gran amigo que se fue esta semana: Juan Carlos Ballesteros (propietario y fundador del restaurante El Puerto de Santa María, de Zaragoza). D.E.P.

Espero que les resulte agradable su lectura.

 

Al viticultor, los años de escasa cosecha, se le ponía muy mala uva. 

En la construcción de la sauna municipal, el alcalde colocó la primera madera. 

Al caer la tarde, el firmamento se vistió con traje de noche de lunares.

El cocinero del restaurante de cocina india se fue curryendo. 

Algunos comensales en los restaurantes, más que leer la carta, parece que se la estén aprendiendo de memoria. 

Hizo de tripas corazón, para que lo operase del intestino su amigo cardiólogo. 

El precio del telescopio resultó ser astronómico. 

El costo del cursillo para navegación en globo se puso por las nubes. Sin embargo el de las avionetas cayó en picado. 

El asunto de la construcción del submarino fue estudiado en profundidad. 

En la ferretería se acabaron los tornillos sin fin. 

Las saetas de los relojes, a las seis y media se ponen firmes. 

En la tienda de ordenadores estaba todo revuelto. 

Los radiadores parecen esqueletos de animales prehistóricos de compañía. 

En Navidad… “La compañía de Sanitarios Roca les desea un Feliz Baño Nuevo”. 

El falso golfista resultó ser un auténtico golfo. 

En aquella clínica los analistas tenían muy mala sangre. 

Las nubes blancas son los pensamientos de los ángeles. 

Las aceitunas tienen muy poca cabeza. 

Se le paró el móvil. 

Los tambores poseen el espíritu del trueno. 

El alcanfor huele a Siglo XIX. 

El viento siempre tiene prisa. 

La niebla se inventó en los tiempos del cine en blanco y negro. 

El azufre contiene átomos del demonio. 

¡Coche¡… ¡Siga a ese taxi¡ 

El óptico tenía muy mal ojo para los negocios. 

¡Qué estrecho está esto¡ – dijo Gibraltar – 

Al ser atacado por un enorme cefalópodo, el corazón del submarinista sufrió fuertes pulpitaciones. 

Nada más terminar de leer la radio se puso a oír el periódico. 

¡Two¡… ¿Yo? 

Las tiendas, al anochecer cierran los párpados de sus persianas para dormir profundamente. 

Los pájaros huyen permanentemente de sí mismos. 

Los armiños siempre están preparados para ir de fiesta. 

Los voluntarios de la cruz roja realizaron las plantaciones de algodón. 

Aquel sobre mal cerrado dejaba escapar secretos dentro de aquel curioso buzón. 

A la bombilla se le encendió una idea. 

El viejo reloj, cansado de dar la hora durante toda su vida, no pudo levantar más sus saetas al señalar las seis y media. 

El farmacéutico regaba con alcohol su pequeño huerto de algodón. 

Los gorros blancos de los cocineros no son más que sus ideas gastronómicas, mezcladas con nata montada. 

Como se retrasó el doctor se impacientó el paciente. 

Los donuts son las coronas que llevan sobre sus cabezas los ángeles de los roscones. 

En cuanto se quedó sordo al concejal lo nombraron “teniente” – alcalde. 

Los chistes que contaba el electricista tenían mucha “chispa”. 

A la pastilla de analgésico le dolía la cabeza. 

Fabricaron boinas blancas para canosos. 

Los globos son como las ilusiones. Se desinflan con mucha facilidad. 

Mientras esperaba a la policía, el guardabosques destruyó todas las pistas forestales. 

El asesino le extrajo el puñal para quitar hierro al asunto. 

El entrenador sustituyó al guardameta por un portero automático. 

La luna es una mirilla por la que, de cuando en cuando, se asoma el ojo de Dios para vigilarnos. 

Para ganar tiempo al tiempo, nada más comenzar el año se compró dos calendarios.

 

Texto: Eduardo Bueso (copyright). Prohibida su reproducción total o parcial.

JUEGOS PALABRARES : CAPÍTULO 5

15 Mar 2020 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Cultura, Libros

Como ya anticipé a los lectores, recientemente he editado un libro que le di el nombre de “Juegos Palabrares”. Dada su limitada edición, prácticamente no poseo más ejemplares. Como han sido muchos los que no lo han podido conseguir, a expensas de que realice una segunda edición, cada semana subiré un capítulo a este magazine de Lugares con Estrella.

Aquí adjunto el capítulo 5 de un total de 11. 

Espero que les resulte agradable su lectura.

 

Pasaron varios años, hasta que se apercibió que aquello no era un espejo sino un transparente cristal. 

El faro se enamoró perdidamente de la ruleta del casino, pero ésta lo dejó por un tiovivo. 

El sombrero guardaba para sí, todos los pensamientos de su dueño. 

Dispararon a la bandera japonesa, pensando que era una diana, pero pronto llegó la bandera suiza para curarla. 

Al freír un huevo lo vestimos con enaguas de puntillas. 

El bizcocho borracho estaba completamente ebrio. 

El sonido del descorche de una botella de champagne, es una salva en honor a la buena vida. 

El ámbar intermitente de un semáforo en la madrugada, no es más que el latido de su propio corazón. 

En el sello de una carta, el remitente envía al destinatario la burla de haberle sacado la lengua. 

La brújula perdió el norte. 

Al azul marino, de viejecito, le salieron canas celestes. 

En cuanto el sueño se hizo realidad se durmió. 

Nunca olvida nadie lo que quiere olvidar. 

“Lo importante no es la cantidad” (Rols Roice) 

El matemático creía que eran las diez, aunque en realidad eran las cinco y cinco. 

Al Cabo Cañaveral lo ascendieron en un cohete a Coronel. 

El químico, pese a realizar ejercicio físico, no tenía química con su bella fisioterapeuta. 

Aquel culturista era un inculto. 

La pareja de orangutanes tuvo unos bebés muy monos. 

Las fichas de dominó son dados con alzheimer. 

Aquellos orejones no oían nada. 

Se tomó un sábado añático, y lo pasó trabajando. 

Se acabó el cava pero vino el vino. 

Se ensimismó en otra persona. 

Cacé a una mariposa, y resultó ser el sueño de un gusano. 

La blanca doble es la ficha más racista del dominó. 

El campeón de esquí al ser felicitado, en lugar de parabienes recibió paranieves. 

El cabezudo dio un paso de gigante. 

La cinta adhesiva es el esparadrapo de las hojas de papel. 

El ferretero siempre daba a su novia besos de tornillo. 

La baldosa se casó con un adoquín, y tuvieron una parejita de azulejos. 

Intentó dar una conferencia pero se ofuscó, y tan sólo dio una circunferencia. 

Lo que ocurrió en Villarreal parecía de ficción. 

La constancia es la hija de la paciencia y la madre de la desesperación. 

Chocaron dos botellas de anís y les salieron dos chinchones en sus cabezas. 

El torero iba a dar una rueda de prensa, pero al final optó por dar una vuelta al ruedo.  

En la noche de los Óscar, un hotel de Hollywood llegó a tener más de cien estrellas. 

La presidenta de la liga antitabaco jamás usaba pantalones “pitillo”. 

Pese a decorar el Palacio Real, los azulejos eran rojos. 

Un gran cocinero se cortó con un cuchillo, y vio las estrellas Michelin. 

En el partido de fútbol entre médicos y enfermeros, en lugar de sacar el balón de banda, lo sacaban de venda. 

Aquel disparo le sentó como un tiro.

Le dieron un placebo y se lo tragó. 

En las comidas del tren de alta velocidad, el menú siempre comenzaba con un caldo de AVE. 

La capilla ardiente se quemó. 

Al electricista se le cruzaron los cables. 

Todo lo que ocurrió en aquella cueva resultó “grutesco”. 

Pidió la vez varias veces, y se la dieron de una vez. 

Perdió la esperanza, pero la recuperó en la oficina municipal de objetos perdidos. 

Tomó un atajo, y terminó en el Duero.

 

Texto: Eduardo Bueso (copyright). Prohibida su reproducción total o parcial.

JUEGOS PALABRARES : CAPÍTULO 4

08 Mar 2020 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Cultura, Libros

Como ya anticipé a los lectores, recientemente he editado un libro que le di el nombre de “Juegos Palabrares”. Dada su limitada edición, prácticamente no poseo más ejemplares. Como han sido muchos los que no lo han podido conseguir, a expensas de que realice una segunda edición, cada semana subiré un capítulo a este magazine de Lugares con Estrella.

Aquí adjunto el capítulo 4 de un total de 11. 

Espero que les resulte agradable su lectura.

 

Miró tan fijamente al sol que este optó por ponerse unas gafas de ojos. 

Armani, en un momento de locura, diseñó camisas de fuerza. 

Los pavos reales tienen el alma de chicas de cabaret. 

La triste rosa se suicidó clavándose sus propias espinas. 

En cuanto le tocó la lotería, se puso a trabajar hasta que se arruinó. 

Tanto se asustó la gallina, que se le puso la piel de hombre.

Cuando se despojó del traje de presidiario, se le quedó la piel a rayas. 

Varios melones formando equipos se pusieron a jugar al rugby unos contra otros. 

Le regalaron una máquina de fabricar sueños, pero nunca logró averiguar cómo se ponía en marcha. 

Al entrar a formar parte como académico de astronomía, se dio un golpe en la cabeza y vio las estrellas. 

Aquella limpia astronauta, no paraba de recoger toda la basura espacial que podía. 

¿Por qué se denomina oficina de objetos “perdidos”, en lugar de “encontrados”? 

El egoísta tomó una determinación y nunca la devolvió. 

Al neumólogo le avisaron que en realidad era un neumático. 

Visitando el Vaticano, se le fue el santo al cielo y lo canonizaron. 

En lugar de aguardiente le sirvieron agua templadita. 

Entró a trabajar en eléctricas por enchufe. 

Los soldados en lugar de beberse la botella de un tirón, se la bebían de un tiro. 

¡Sal¡ Pidió el cocinero a su pinche. Y éste se fue. 

Bebo Valdés resultó ser abstemio. Y al “Cigala” no le gustaba el marisco. 

El amor por su novia le rompió el corazón al cardiólogo. 

En cuanto llegó a Murcia se dio cuenta el marciano que se había confundido de letra. 

Al enano del circo lo pusieron de patitas en la calle. 

Aquel paciente le cayó muy gordo al dietista. 

Como fue un toro estupendo, en lugar de banderillas le pusieron unos canapés. 

Las vísceras le resultaron entrañables al cirujano. 

En el partido de fútbol de presidiarios, todos deseaban el puesto de defensa líbero. 

Era un río con todas las comodidades incluida el agua corriente. 

A su regreso del viaje espacial, el astronauta le regaló un anillo de Saturno a su prometida. 

Desde que se pesó en dos básculas a la vez, pudo comer el doble. 

Era un mentiroso increíble. 

Escribía sobre papel negro para que nadie leyese sus obras. 

Por las ventanas de las casas muy pobres… ¿se verá en blanco y negro? 

¿Damos una vuelta? le dijo un aspa de un molino a otra. 

Al fotomatón lo encausaron por múltiples asesinatos. 

Esos palillos tenían muy poca cabeza. 

Al escritor se le acabó la imaginación antes que la tinta. 

Aquellas lesbianas comenzaron jugando al ajedrez y terminaron jugando a las damas. 

Era de tan alta estirpe que no le daba importancia. 

Tan aburrida fue la representación que a la hora de los aplausos el teatro se vino arriba. 

En noches de luna nueva el firmamento se asemeja a un traje de faralaes enlutado. 

El perro es el menos inteligente de los animales, como lo demuestra que sea el mejor amigo del hombre. 

El palillo mató a la aceituna sin querer. 

Los ajos son muy cabezones. 

El óptico no veía nada claro su negocio. 

El muy optimista se pensaba que lo era. 

Era tan puritana que nunca tomaba merluza en salsa verde. 

En las reuniones del partido liberal, jamás tenían orden del día. 

Era un pavo real de ficción. 

La jirafa se escondió detrás de una chimenea.

 

Texto: Eduardo Bueso (copyright). Prohibida su reproducción total o parcial.

JUEGOS PALABRARES : CAPÍTULO 3

29 Feb 2020 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Cultura, Libros

Como ya anticipé a los lectores, recientemente he editado un libro que le di el nombre de “Juegos Palabrares”. Dada su limitada edición, prácticamente no poseo más ejemplares. Como han sido muchos los que no lo han podido conseguir, a expensas de que realice una segunda edición, cada semana subiré un capítulo a este magazine de Lugares con Estrella.

Aquí adjunto el capítulo 3 de un total de 11. 

Espero que les resulte agradable su lectura.

 

Dijo que sí, pensando como siempre que no. 

Los agnósticos tienen roto el espejo del alma. 

Lo compró tan satisfecho como si lo hubiese vendido. 

Por una letra el seis no es capicúa. 

Escribió sus memorias para poder olvidarse de ellas. 

Regresó al lugar del crimen para cometer el asesinato. 

Era una máquina tan perfecta que acabó estropeándose. 

El enfermo estaba tan sano que nada más llegar el doctor se murió. 

Tenía tanta prisa que siempre llegaba tarde. 

La luna me guiñó un ojo… ¿O no era a mí? 

Soñé que viajaba a una lejana galaxia, y desde entonces aquí vivo. 

Baile de cometas. Danza mágica de chispas. Aquelarre de fuegos artificiales para el regocijo del firmamento. 

Cerró la celda de la prisión por dentro, y no pudieron huir sus guardianes. 

Comenzó a leer la novela por el último capítulo, pero tuvo que llegar al prólogo para averiguar quién fue el asesino. 

Pese a ir a toda velocidad siempre le precedía su mala sombra. 

La víctima se declaró inocente, ganando el juicio a título póstumo. 

¿Quién nunca se olvida de encender la luna todas las noches? 

El acordeón lloraba sin cesar, por carecer de piernas para moverlas al ritmo de su música. 

El piano levantó su tapa, y sonrió enseñando sus dientes alegremente.

 A pesar de pincharse con sus espinas, los claveles se fueron “de rositas”. 

Los soldados mezclaron su munición con algunas balas de fogueo, para que pareciese que actuaban en misión humanitaria. 

Grapé una pareja de folios, y a los nueve meses tuvieron una octavilla de hojas azules. 

El asesino se ensañó con su víctima con la mayor sensatez y educación en todo momento. 

El pobre bicho se comportó como un animal. 

Se fue de su casa para echarla de menos. 

El triunfo mereció la pena de los vencidos. 

Se examinó el boniato y le pusieron un cero patatero. 

Lo fusilaron respetándole hasta el último de sus derechos humanos. 

El acordeón engulle dentro de su fuelle las notas musicales que emite.

¿Te ayudo? Dijo en cuanto se quedó solo. 

El efecto óptico hizo que lo viese tal y como era realmente. 

El reloj siempre da las horas que no necesita para su propio consumo.

Tanto se arrepintió que lo volvería a hacer ahora mismo. 

El buzo se despojó de su indumentaria, quitándose un buen peso de encima. 

Se compró el último modelo para venderlo en su vejez a un anticuario. 

Nada más esposar a los asaltantes, no tuvieron más remedio que casarse. 

Indignado, el director del hotel solicitó el libro de reclamaciones del cliente.

¿Por qué los perros japoneses no tienen los ojos oblicuos? 

Las ovejas en verano son como perros laneros esquilados. 

Los ingleses son rubios de tanto beber cerveza. 

El reloj de sol tiene un defecto: no es sumergible. 

El cielo en noche de luna nueva es como un pueblo pobre: muchas luces pero poco potentes. 

El tiempo es como un taxista en día de lluvia. Lo queremos parar, pero se empeña en no hacernos caso. 

La luna llena es una señal de “prohibido circular” por el cosmos. 

Los extremos se tocan. Los extremistas se llegan a pegar. 

Una vez sobornado, el paraguas dejaba pasar la lluvia sin ningún problema.

 

Texto: Eduardo Bueso (copyright). Prohibida su reproducción total o parcial.

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