Lugares con estrella · Por Eduardo Bueso Lugares con estrella · Por Eduardo Bueso

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66º CAMPEONATO DE COCTELERÍA DE GIPUZKOA

25 Oct 2019 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Eventos, Gastronomía, Restaurantes, Vinos

Ander González junto a Pepe Dioni, presidente de la Asociación de Barmen de Gipuzkoa

Ander Sánchez, del Kairos del barrio de Amara, se ha proclamado ganador absoluto de la 66ª Edición del Campeonato de Coctelería de Gipuzkoa al resultar vencedor tanto en el apartado de «Mejor Jefe de Barra» como en el de «Mejor Gin Tonic». Le siguió de cerca Santiago Naula, del Stick de Rentería / Errenteria, que quedó segundo en ambos apartados. Fue de destacar también la actuación de Kevin Blázquez, de la Gintoniquería de Gros, que fue nombrado tercer Jefe de Barra, además de ser merecedor del Premio a la mejor Decoración.

El equipo de Aqua Vitae Cocktails, entre ellos Alice Vieira y Diego da Silva, elegidos Mejor y Segundos Jóvenes Barmen, con el responsable del grupo, Alberto Benedicto

El resto de profesionales de hostelería premiados en el campeonato de ayer fueron Alice Vieira y Diego da Silva, ambos de Aqua Vitae Cocktails, que se hicieron con el primer y segundo puesto en el apartado de Mejor Joven Barman, Mehdi Sala de Dioni´s, que se hizo con el tercer puesto en este apartado, Gorka Narciso del Hotel NH Aranzazu que se alzó con el tercer puesto en el campeonato de Gin Tonics y Mikel Díaz de Cerio, que recibió el premio a la Mejor Técnica. 

Fotos: Ritxiar Tolosa (Ondojan.com)

Nuestro agradecimiento a: Josema Azpeitia (Ondojan.com)

Foto de familia de los finalistas del campeonato

COMER (BIEN) EN SAN SEBASTIÁN (2019)

03 Ago 2019 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Hoteles, Restaurantes, Vinos

Imagen realizada el pasado sábado, desde el monte Igueldo. (Foto: Eduardo Bueso)

Los lectores ya saben mis gustos: viajes cortos al norte de España y comer lo mejor posible. La pasada semana gozamos de unos días de relax por tierras guipuzcoanas.

Como estamos en plena canícula y posiblemente estéis de vacaciones, me limitaré a señalar los restaurantes y aquel que tenga interés en alguno en particular puede introducirse en su página web.

El primer día nos alojamos en el Hotel Iriarte Jauregia, muy cerca de Tolosa. Se trata de un palacio del Siglo XVIII restaurando justo hace ahora diez años. Un autentico lujo en medio de uno de los paisajes más bellos y majestuosos del ya muy atractivo País Vasco interior.

Paisaje que se divisa desde la habitación 104 del hotel Iriarte Jauregia. (Foto: E. B.)

Para almorzar, nos dirigimos a Albiztur (a 4 kilómetros del hotel), capital mundial de las alubias de Tolosa. Allí hay tres caseríos que compiten entre sí para ser los mejores.

Restaurante Elane de la villa de Albiztur (Guipúzcoa). (Foto: E. B.)

Este año repetimos en Elane. Posee un pequeño y acogedor comedor, donde nos sirvieron lo típico: ensalada (con tomate y lechuga del propio caserío –un gran lujo-) y las alubias con todos sus sacramentos (berza, morcilla, costilla de cerdo, chorizo y guindillas). El servicio por parte de su propietaria Mari Carmen Dorronsoro, no pudo ser más amable y profesional.

Alubias que degustamos en Elane. (Foto: E. C.)

La cena la realizamos en el propio hotel, concretamente en su restaurante de nombre Bailara, cuya cocina, la dirige el chef mexicano Enrique Fleischmann. 

Restaurante Bailara, del hotel Iriarte Jauregia. (Foto: E. B.)

Fachada del hotel Iriarte Jauregia. (Foto: E. B.)

Por la mañana, tras disfrutar del magnífico desayuno del Iriarte Jauregia, partimos hacia San Sebastián (media hora de ruta).

Zona de frutas del bufet del Iriarte Jauregia. (Foto: E. B.) 

“Nuestro” hotel (habitual) es el NH Colección Aranzazu, situado en el barrio de Ondarreta. Posee varias cualidades que me convencen para repetir: Está ubicado a la entrada de la autovía de Pamplona, por lo que no tengo que cruzar la ciudad, se accede directamente al parking, el check-in lo realizan con rapidez y amabilidad extremas, las habitaciones han sido (muy bien) reformadas recientemente, posee un buen restaurante (se llama Kukuarri) y un amplio y bien montado bar, abierto permanentemente (salvo horas nocturnas).

Confortable habitación (Nº 104) del NH Colección Aranzazu. (Foto: E. B.)

Para almorzar: Asador Rekondo, en la subida a Igueldo (a 5 minutos en taxi). El lugar es de los más atractivos y lujosos de Donosti, por detrás de Arzak y Akelarre, pero con una cocina mucho más tradicional.

Uno de los comedores de Rekondo, el pasado viernes. (Foto: E. B.)

La visita a la bodega (según dicen es la tercera de Europa, no solo en número de botellas sino en su originalidad), es casi obligatoria para el deleite de los amantes del vino.

Una de las múltiples estanterías de la magnífica y excepcional bodega del restaurante Rekondo. (Foto: E. B.)

Delicioso txangurro al horno de Rekondo. (Foto: E. B.)

Cenamos en el restaurante Kapela, también cercano al NH Aranzazu (a un minuto a pié). No esperen platos sofisticados, pero comerán (o cenarán) con productos locales de altísimo nivel, amabilidad a raudales por parte de su propietaria y, algo muy importante, una excelente carta de vinos y cavas (no olvidemos que son distribuidores de bebidas y alimentos para otros restaurantes).

Comedor del restaurante Kapela. Como se aprecia en la foto no es lujoso, pero posee una buena cava de vinos… y se come bien. (Foto: E. B.)

El día siguiente amaneció con una intensa lluvia. Tuvimos que cambiar de planes. Anulamos (y dejamos para septiembre) Aldanondo (ya les contaremos) y nos acercamos a tomar un menú sencillo, pero muy agradable (y económico) en el restaurante Gasteiz (casi frente al hotel).

Asador Portuetxe, situado en el barrio de Igara de San Seastián (Foto: E. B.)

Ya por la noche, con un clima más apacible, acudimos a uno de los asadores imprescindibles (para mí): Portuetxe. Hay que ir en taxi (a poco más de 5 minutos). Allí se puede degustar todo lo mejor de los caseríos: pescados y carnes rojas a la parrilla (situada como Dios manda en el exterior, al aire libre). Y muchas más sugerencias, todas de gran calidad.

Parrilla situada a la derecha de la entrada al restaurante Portuetxe. (Foto: E. B.)

En septiembre volveremos a San Sebastián. Seguiremos informando sobre nuevos descubrimientos gastronómicos.

Texto y fotos: Eduardo Bueso (ambos copyright)

El «Peine del Viento» obra de Chillida, el pasado sábado. (Foto: E. B.)

PANES MONITORIZADOS

04 Ene 2019 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Restaurantes

Desde San Sebastián

Por Mikel Corcuera

Premio Nacional de Gastronomía

La pizza es una popular preparación italiana, de origen napolitano, cuya fórmula más simple consiste en cocer, teóricamente en un horno de panadero, una torta de pasta de pan guarnecida con tomate adicionado con parmesano o con Mozarella y aderezada con plantas aromáticas. 

La pizza napolitana ha dado la vuelta al mundo siguiendo el ritmo de las migraciones de los italianos, que han abierto en todas las grandes ciudades de Europa y de América del Norte muchas pizzerías, pequeños restaurantes populares y típicos, que ofrecen como es sabido pastas de todo tipo, pizzas y otras especialidades de la península.

La palabra pizza se deriva de un verbo que significa “poner picante, sazonar.” El mismo verbo ha dado nombre a la preparación “a la pizzaiola”, mezcla picante de salsa de tomate, tiras de pimiento, plantas aromáticas (tomillo, mejorana, laurel) y ajo, que sirve para acomodar pastas, chuletas de cerdo o parrilladas.

El plato en sí, no es tan  antiguo; data de la popularización del tomate en Italia, cosa que ocurrió en el año 1554, que fueron traídos en bajeles españoles.

Según los puristas del plato, éste es perfecto en su sencillez.  Dorada Venus de las empanadas tal y como nos recordaba Néstor Luján en su “Carnet de ruta”, la pizza clásica sólo tiene tres irrefutables normas: alla porta Sant Gennaro, o sea con albahaca, alla marinara y la margherita.

Copas de tinto y blanco en el salón de entrada al hotel Iriarte Jauregia, cerca de Tolosa. Foto: Eduardo Bueso

La de la porta San Gennaro, sazona la harina con aceite, sal, pimienta, queso y cinco o seis pulgadas de albahaca. La marinara demanda aceite y tomate o setas, aceite y tomate o queso y tomate, y va siempre perfumada con orégano y ajo. Hay quien le añade filetes de anchoa en conserva, cosa que se ha convertido en una costumbre muy generalizada. La margherita es como la pizza anterior con mozzarella y debe su nombre a la reina Margherita, esposa del rey Humberto I. Según nos relata la historia, durante el verano de 1889, la real pareja se achicharró literalmente en Capodimonte. Quisieron conocer la pizza, tan popular  y apreciada. La reina era una Saboya, prima de su esposo, princesa altanera, dignísima e intransigente y como era de esperar, no podía soportar el aroma fuerte e insolente del ajo, tan grato por otra parte a otros paladares reales como el de Enrique IV de Francia que olía a ajos a cien leguas a la redonda. Por eso, cuando llegaron a Nápoles, los mayores elaboradores de pizza del momento, decidieron elaborar una variedad sin ajo que no molestase el paladar de la reina. Y así nació la Margherita, hoy universalmente conocida, realizada con harina, tomate, aceite de oliva y queso mozarella. ¡Pero sin ajo¡

Texto: Mikel Corcuera

El HELADO: DELICIA DE LOS PEREZOSOS

15 Sep 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Restaurantes

Entrada al restaurante Akelarre en San Sebastián (Igueldo/Igeldo) . (Foto: E. B.)

Desde San Sebastián

Por Mikel Corcuera

Premio Nacional de Gastronomía

No podemos dejar pasar el verano sin hablar de aquello que a Brillant Savarin le gustaba titular “la delicia de los perezosos”, el maravilloso helado, una palabra mágica, fría caricia del paladar.

Luis y un helado gigante. (Foto: E. B.)

Remontándonos a la prehistoria de los sorbetes o helados, se sabe  que ya los chinos usaban el hielo para conservar los alimentos desde mil años antes de nuestra era, y además elaboraban una especie de sorbetes, muy ancestrales. Para ello, dejaban escurrir en las paredes exteriores de unos recipientes conteniendo almíbar, una mezcla de nieve y sal.

Pero en nuestra cultura mediterránea atribuimos legendariamente el primer sorbete al emperador Nerón -sumamente culto y refinado- que hacia servir a sus invitados una mezcla de frutas majadas en nieve (que traía de los Apeninos o los Alpes) con miel.

Es a partir del siglo XVIIII cuando se perfeccionan los sistemas de congelación y las máquinas de helados, surgiendo el concepto del helado nieve frente al llamado helado hielo.

Helado de mantecado y fresas, del restaurante La Fragua de Jaca, Huesca. (Foto: E. B.)

Un miembro del sequito de Catalina de Medicis, Francesco Procopio, un siciliano, abrió el primer café de París, «Le Procope», en el año 1686. Al parecer, las ofertas entre helados y sorbetes rondaban el centenar.

Helado de Turrón de almendra del restaurante Lasa de Vergara, Guipúzcoa. (Foto: E. B.)

Desde entonces, este placer untuoso tiene millones de abonados. Podríamos haber escogido cualquier prodigio helado de los que se hacen hoy en día,  pero nuestras dudas se han resuelto con dos laminerías dentro de las golosinas de una misma casa  el restaurante donostiarra Akelarre: el Gin tonic helado y el no menos impactante Cienhojas de melocotón asado con un electrizante helado de su escabeche, de hace ya unos años pero que resultan imborrables de nuestra memoria gustativa.

Texto: Mikel Corcuera. Fotos: Eduardo Bueso. Texto y fotos: copyright

Bizcocho casero, crema de frutas y helado de arroz con leche, del restaurante El Foro de Zaragoza. (Foto: E. B.)

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