Lugares con estrella · Por Eduardo Bueso Lugares con estrella · Por Eduardo Bueso

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COMER (BIEN) EN SAN SEBASTIÁN (2019)

03 Ago 2019 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Hoteles, Restaurantes, Vinos

Imagen realizada el pasado sábado, desde el monte Igueldo. (Foto: Eduardo Bueso)

Los lectores ya saben mis gustos: viajes cortos al norte de España y comer lo mejor posible. La pasada semana gozamos de unos días de relax por tierras guipuzcoanas.

Como estamos en plena canícula y posiblemente estéis de vacaciones, me limitaré a señalar los restaurantes y aquel que tenga interés en alguno en particular puede introducirse en su página web.

El primer día nos alojamos en el Hotel Iriarte Jauregia, muy cerca de Tolosa. Se trata de un palacio del Siglo XVIII restaurando justo hace ahora diez años. Un autentico lujo en medio de uno de los paisajes más bellos y majestuosos del ya muy atractivo País Vasco interior.

Paisaje que se divisa desde la habitación 104 del hotel Iriarte Jauregia. (Foto: E. B.)

Para almorzar, nos dirigimos a Albiztur (a 4 kilómetros del hotel), capital mundial de las alubias de Tolosa. Allí hay tres caseríos que compiten entre sí para ser los mejores.

Restaurante Elane de la villa de Albiztur (Guipúzcoa). (Foto: E. B.)

Este año repetimos en Elane. Posee un pequeño y acogedor comedor, donde nos sirvieron lo típico: ensalada (con tomate y lechuga del propio caserío –un gran lujo-) y las alubias con todos sus sacramentos (berza, morcilla, costilla de cerdo, chorizo y guindillas). El servicio por parte de su propietaria Mari Carmen Dorronsoro, no pudo ser más amable y profesional.

Alubias que degustamos en Elane. (Foto: E. C.)

La cena la realizamos en el propio hotel, concretamente en su restaurante de nombre Bailara, cuya cocina, la dirige el chef mexicano Enrique Fleischmann. 

Restaurante Bailara, del hotel Iriarte Jauregia. (Foto: E. B.)

Fachada del hotel Iriarte Jauregia. (Foto: E. B.)

Por la mañana, tras disfrutar del magnífico desayuno del Iriarte Jauregia, partimos hacia San Sebastián (media hora de ruta).

Zona de frutas del bufet del Iriarte Jauregia. (Foto: E. B.) 

“Nuestro” hotel (habitual) es el NH Colección Aranzazu, situado en el barrio de Ondarreta. Posee varias cualidades que me convencen para repetir: Está ubicado a la entrada de la autovía de Pamplona, por lo que no tengo que cruzar la ciudad, se accede directamente al parking, el check-in lo realizan con rapidez y amabilidad extremas, las habitaciones han sido (muy bien) reformadas recientemente, posee un buen restaurante (se llama Kukuarri) y un amplio y bien montado bar, abierto permanentemente (salvo horas nocturnas).

Confortable habitación (Nº 104) del NH Colección Aranzazu. (Foto: E. B.)

Para almorzar: Asador Rekondo, en la subida a Igueldo (a 5 minutos en taxi). El lugar es de los más atractivos y lujosos de Donosti, por detrás de Arzak y Akelarre, pero con una cocina mucho más tradicional.

Uno de los comedores de Rekondo, el pasado viernes. (Foto: E. B.)

La visita a la bodega (según dicen es la tercera de Europa, no solo en número de botellas sino en su originalidad), es casi obligatoria para el deleite de los amantes del vino.

Una de las múltiples estanterías de la magnífica y excepcional bodega del restaurante Rekondo. (Foto: E. B.)

Delicioso txangurro al horno de Rekondo. (Foto: E. B.)

Cenamos en el restaurante Kapela, también cercano al NH Aranzazu (a un minuto a pié). No esperen platos sofisticados, pero comerán (o cenarán) con productos locales de altísimo nivel, amabilidad a raudales por parte de su propietaria y, algo muy importante, una excelente carta de vinos y cavas (no olvidemos que son distribuidores de bebidas y alimentos para otros restaurantes).

Comedor del restaurante Kapela. Como se aprecia en la foto no es lujoso, pero posee una buena cava de vinos… y se come bien. (Foto: E. B.)

El día siguiente amaneció con una intensa lluvia. Tuvimos que cambiar de planes. Anulamos (y dejamos para septiembre) Aldanondo (ya les contaremos) y nos acercamos a tomar un menú sencillo, pero muy agradable (y económico) en el restaurante Gasteiz (casi frente al hotel).

Asador Portuetxe, situado en el barrio de Igara de San Seastián (Foto: E. B.)

Ya por la noche, con un clima más apacible, acudimos a uno de los asadores imprescindibles (para mí): Portuetxe. Hay que ir en taxi (a poco más de 5 minutos). Allí se puede degustar todo lo mejor de los caseríos: pescados y carnes rojas a la parrilla (situada como Dios manda en el exterior, al aire libre). Y muchas más sugerencias, todas de gran calidad.

Parrilla situada a la derecha de la entrada al restaurante Portuetxe. (Foto: E. B.)

En septiembre volveremos a San Sebastián. Seguiremos informando sobre nuevos descubrimientos gastronómicos.

Texto y fotos: Eduardo Bueso (ambos copyright)

El «Peine del Viento» obra de Chillida, el pasado sábado. (Foto: E. B.)

PANES MONITORIZADOS

04 Ene 2019 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Restaurantes

Desde San Sebastián

Por Mikel Corcuera

Premio Nacional de Gastronomía

La pizza es una popular preparación italiana, de origen napolitano, cuya fórmula más simple consiste en cocer, teóricamente en un horno de panadero, una torta de pasta de pan guarnecida con tomate adicionado con parmesano o con Mozarella y aderezada con plantas aromáticas. 

La pizza napolitana ha dado la vuelta al mundo siguiendo el ritmo de las migraciones de los italianos, que han abierto en todas las grandes ciudades de Europa y de América del Norte muchas pizzerías, pequeños restaurantes populares y típicos, que ofrecen como es sabido pastas de todo tipo, pizzas y otras especialidades de la península.

La palabra pizza se deriva de un verbo que significa “poner picante, sazonar.” El mismo verbo ha dado nombre a la preparación “a la pizzaiola”, mezcla picante de salsa de tomate, tiras de pimiento, plantas aromáticas (tomillo, mejorana, laurel) y ajo, que sirve para acomodar pastas, chuletas de cerdo o parrilladas.

El plato en sí, no es tan  antiguo; data de la popularización del tomate en Italia, cosa que ocurrió en el año 1554, que fueron traídos en bajeles españoles.

Según los puristas del plato, éste es perfecto en su sencillez.  Dorada Venus de las empanadas tal y como nos recordaba Néstor Luján en su “Carnet de ruta”, la pizza clásica sólo tiene tres irrefutables normas: alla porta Sant Gennaro, o sea con albahaca, alla marinara y la margherita.

Copas de tinto y blanco en el salón de entrada al hotel Iriarte Jauregia, cerca de Tolosa. Foto: Eduardo Bueso

La de la porta San Gennaro, sazona la harina con aceite, sal, pimienta, queso y cinco o seis pulgadas de albahaca. La marinara demanda aceite y tomate o setas, aceite y tomate o queso y tomate, y va siempre perfumada con orégano y ajo. Hay quien le añade filetes de anchoa en conserva, cosa que se ha convertido en una costumbre muy generalizada. La margherita es como la pizza anterior con mozzarella y debe su nombre a la reina Margherita, esposa del rey Humberto I. Según nos relata la historia, durante el verano de 1889, la real pareja se achicharró literalmente en Capodimonte. Quisieron conocer la pizza, tan popular  y apreciada. La reina era una Saboya, prima de su esposo, princesa altanera, dignísima e intransigente y como era de esperar, no podía soportar el aroma fuerte e insolente del ajo, tan grato por otra parte a otros paladares reales como el de Enrique IV de Francia que olía a ajos a cien leguas a la redonda. Por eso, cuando llegaron a Nápoles, los mayores elaboradores de pizza del momento, decidieron elaborar una variedad sin ajo que no molestase el paladar de la reina. Y así nació la Margherita, hoy universalmente conocida, realizada con harina, tomate, aceite de oliva y queso mozarella. ¡Pero sin ajo¡

Texto: Mikel Corcuera

El HELADO: DELICIA DE LOS PEREZOSOS

15 Sep 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Restaurantes

Entrada al restaurante Akelarre en San Sebastián (Igueldo/Igeldo) . (Foto: E. B.)

Desde San Sebastián

Por Mikel Corcuera

Premio Nacional de Gastronomía

No podemos dejar pasar el verano sin hablar de aquello que a Brillant Savarin le gustaba titular “la delicia de los perezosos”, el maravilloso helado, una palabra mágica, fría caricia del paladar.

Luis y un helado gigante. (Foto: E. B.)

Remontándonos a la prehistoria de los sorbetes o helados, se sabe  que ya los chinos usaban el hielo para conservar los alimentos desde mil años antes de nuestra era, y además elaboraban una especie de sorbetes, muy ancestrales. Para ello, dejaban escurrir en las paredes exteriores de unos recipientes conteniendo almíbar, una mezcla de nieve y sal.

Pero en nuestra cultura mediterránea atribuimos legendariamente el primer sorbete al emperador Nerón -sumamente culto y refinado- que hacia servir a sus invitados una mezcla de frutas majadas en nieve (que traía de los Apeninos o los Alpes) con miel.

Es a partir del siglo XVIIII cuando se perfeccionan los sistemas de congelación y las máquinas de helados, surgiendo el concepto del helado nieve frente al llamado helado hielo.

Helado de mantecado y fresas, del restaurante La Fragua de Jaca, Huesca. (Foto: E. B.)

Un miembro del sequito de Catalina de Medicis, Francesco Procopio, un siciliano, abrió el primer café de París, «Le Procope», en el año 1686. Al parecer, las ofertas entre helados y sorbetes rondaban el centenar.

Helado de Turrón de almendra del restaurante Lasa de Vergara, Guipúzcoa. (Foto: E. B.)

Desde entonces, este placer untuoso tiene millones de abonados. Podríamos haber escogido cualquier prodigio helado de los que se hacen hoy en día,  pero nuestras dudas se han resuelto con dos laminerías dentro de las golosinas de una misma casa  el restaurante donostiarra Akelarre: el Gin tonic helado y el no menos impactante Cienhojas de melocotón asado con un electrizante helado de su escabeche, de hace ya unos años pero que resultan imborrables de nuestra memoria gustativa.

Texto: Mikel Corcuera. Fotos: Eduardo Bueso. Texto y fotos: copyright

Bizcocho casero, crema de frutas y helado de arroz con leche, del restaurante El Foro de Zaragoza. (Foto: E. B.)

HOTEL ITURREGI (GUETARIA) MUCHO MÁS QUE UN HOTEL

14 Sep 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Hoteles, Restaurantes, Sin categoría, Viajes

Fachada principal. La habitación del último piso es la mejor (suite Getaria). (Foto: E. B.)

Hemos vuelto a pasar un par de noches en este mágico establecimiento de Guetaria /Getaria cercano a San Sebastián: el hotel Iturregi, dirigido con acierto por la borgoñona, Lucie Leprêtre.

Como ya les hemos hablado de este hotel en otra ocasión, las fotos que ilustran este reportaje no son solamente de sus estancias, sino de su cuidado entorno y sus magníficos jardines repletos de flores en esta época del año (segunda semana de septiembre).

Escaleras del edificio. (Foto: E. B.)

Construido sobre las ruinas de un antiguo caserío en el municipio de Guetaria, combina la magia y la proximidad del entorno rural con la comodidad y los servicios de un gran hotel de lujo.

Inaugurado en 2007, ofrece unas espectaculares vistas al faro de Guetaria y a toda la costa vasca. Consta de seis habitaciones dobles y dos suites, todas decoradas por Daniel Rotaeche.

Suite Getaria

Suite Getaria

Baño de la suite Getaria

Cada una de las habitaciones de este antiguo caserío cuenta con su nombre propio, evocando los paisajes y la geografía de la provincia guipuzcoana. Así, Zarauz, Zumaia, Igeldo o Getaria son sólo algunos de los lugares que dan nombre en euskera a estas amplias y luminosas estancias, en las que, además, se ha cuidado al máximo la distribución, el tamaño y los acabados de los cuartos de baño, de forma que quedan perfectamente integrados con el resto de la habitación.

Piscina del hotel Iturregi. (Foto: E. B.)

Entre otros servicios, Iturregi ofrece, un room service para disfrutar de la cena en la habitación y un suculento desayuno elaborado con productos tradicionales de la zona, como fruta fresca, queso local, yogures caseros o bollería recién hecha.

Jardines del hotel. (Foto: E. B.)

Aunque si algo destaca de los servicios que ofrece este tranquilo hotel, es su piscina construida sobre las ruinas del antiguo caserío del que aún se conserva el arco de entrada. Sus salones (uno interior dotado de chimenea y otro exterior bajo los soportales, con vistas a las praderas que circundan la mansión), son muy atractivos.

Balcón de la suite Getaria. (Foto: E. B.) 

En el interior podemos disfrutar de un cocktail bar, en el que podremos preparar nuestros combinados preferidos a modo de self service, mientras leemos o disfrutamos (en días fríos) de la chimenea encendida junto a nosotros. Y en el exterior tendremos el placer de fumar un buen habano… sin molestar a nadie, mientras, al fondo, más abajo las luces de Guetaria se funden con el mar, bajo la “supervisión” del faro.

Vista nocturna de Getaria desde la habitación del hotel. (Foto: E. B.)

Creo que es un buen consejo el que les anime a pasar unos días. Septiembre y octubre son fechas (climáticamente) idóneas. Ya tenemos realizada la reserva para 2019.

Recepción del hotel Iturregi. (Foto: E. B.)

Foto: E. C. 

Texto y fotos: Eduardo Bueso (ambos copyright)

Fotos de las flores: E. C.  (copyright)

Las tres fotos del interior de la suite son gentileza del hotel Iturregi

Una de las miles de flores de los jardines que rodean al hotel Iturregi (Foto: E. C.)

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