Lugares con estrella · Por Eduardo Bueso Lugares con estrella · Por Eduardo Bueso

ABRE EN MADRID SUS PUERTAS EL RESTAURANTE GUILLERMINA

23 Nov 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Hoteles, Restaurantes

El pasado fin de semana nos desplazarnos a Madrid para alojarnos en el hotel The Pavilions. Se halla en pleno centro de la capital, a pocos metros de las Torres de Colón.

Además queríamos comprobar el nuevo proyecto gastronómico “Guillermina”. Dirigido por la joven promesa Guillermo Salazar ofrece alta cocina mediterránea con originales toques asiáticos.

A pesar de su juventud, el Chef Ejecutivo de Guillermina cuenta con amplia experiencia en cocinas nacionales e internacionales de primer nivel. Sus primeros pasos en la cocina como estudiante becado en Nueva York, su larga estancia en Venezuela, sus origenes andaluces y su respeto a la materia prima se plasman en cada una de las creaciones que componen la carta de Guillermina.

El lounge bar es muy luminoso

Durante el almuerzo, Guillermo nos comentó que la carta que nos ofrecía es un fiel reflejo de su trayectoria. Platos con una base de producto español de la mejor calidad, pero siempre con guiños a otras cocinas internacionales como la asiática, en concreto la coreana y japonesa, pero también a la alta cocina americana contemporánea.”

Entre los entrantes no faltan clásicos españoles como el jamón ibérico de Guijuelo, las anchoas de Santoña o los mejillones en escabeche; pero siempre con divertidos toques fusión. Por ejemplo, el pulpo se sirve con un aliño Thai Kimchi y aceite verde; o las gyozas mñas castizas, rellenas de callos a la madrileña. Destaca la ensaladilla rusa de centollo con mayonesa de marisco y txangurro.

Ceviche de corvina

En línea con su carácter cosmopolita, su carta también incluye una sección de RAW BAR, muy típica en los restaurantes neoyorquinos. Ejemplos: ostras Gillardeu al natural o con aderezo francés; Tiradito de corvina con lima, piparras y un condimento japonés o uno de los platos estrella de la carta, el steak tartar de solomillo, con una base de chiles de Corea del Sur llamada Gochujang, dos verduras Daikon y Tupinambo, que sorprenden al paladar.

Lomo bajo (30 días de curación)

Entre los platos principales destacan los pescados como el salmón cocinado de manera muy ligera glaseado en una reducción de sidra y con de trocitos de avellana tostada, sobre una base de pisto de verduras de temporada; o la lubina servida con curry de calabaza sobre una base de col y acompañada de huevas de trucha. En el apartado de carnes encontramos el pollo cocinado a baja temperatura que se sirve con hummus, quinoa y verduras; o el lomo bajo de 30 días de maduración, con Celery y trufa.

Pollo a baja temperatura

Los más golosos en cambio disfrutarán con la cremosa Pannacotta con Campari y Naranja o el irresistible Chocolate, con toffee salado y aceite de oliva. Aunque también hay postres más ligeros como el yogurt con zanahoria y lima o las fresas servidas con vinagre de Jerez, nata y vainilla.

Guillermo Salazar

El espacio también responde a la filosofía cosmopolita de Guillermina. Para ello, el patio del hotel ha sido totalmente acondicionado con techo retráctil y decoración vegetal para convertirlo en un oasis a dos minutos del bullicio de la Plaza de Colón. Las paredes de acabado industrial servirán como marco para obras de arte de primer nivel, seleccionadas especialmente para el espacio por el prestigioso galerista Álvaro Alcazar.

En línea con el hotel The Pavilions Madrid de ser en una verdadera galería de arte, las piezas artísticas que decoran las paredes de Guillermina también irán cambiando con el tiempo.

En resumen, un lugar de visita obligada si se vive en Madrid y muy interesante en viaje de placer para los foráneos.

Lounge

RESTAURANTE EL CHURRASCO DE CÓRDOBA

15 Oct 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Cultura, Fotos, Gastronomía, Hoteles, Restaurantes, Sin categoría, Viajes, Vinos

La Mezquita de Córdoba a través de un móvil. (Foto: E. B.)

Recientemente, con temperaturas propias de agosto nos hemos acercado a Córdoba, ciudad a la que siempre nos apetece visitar una vez al año.

Para alojarnos tenemos la (buena) costumbre de acudir al hotel Eurostars Palace, más concretamente en la habitación 501, ya que es muy amplia y posee las mejores vistas.

Hotel Eurostars Palace. He indicado la que considero mejor habitación. (Foto: E. B.)

Se trata de un establecimiento moderno, con personal muy joven y sumamente agradable y profesional. En la terraza se ubica una espléndida piscina con un amplísimo bar… al aire libre y cubierto (según zonas) que se puede utilizar hasta la madrugada.

Piscina del hotel. (Foto: E. B.)

En la planta baja un restaurante para disfrutar de platos andaluces de calidad, junto a un gran ventanal desde el que se divisa la Puerta de Almodóvar que da acceso a la Judería.

Restaurante del hotel, en la planta baja. (Foto E. B.)

Nuestra primera visita la realizamos al restaurante El Churrasco, dirigido por su propietario Rafael Carrillo. El que conoce a Rafael, sabe de sus cualidades empresariales, gastronómicas y, sobre todo, humanas de esta gran persona, institución de la ciudad de Córdoba. Para el que no tiene el placer de conocerle, añadiría, que la amabilidad, el trabajo y la incesante e incansable actividad, son algunas de sus características fundamentales.

Rafael Carrillo, propietario del restaurante El Churrasco, en la bodeguilla. (Foto: E. B.)

Nos acompaña a visitar la bodeguilla, ubicada en una preciosa, enorme y perfectamente restaurada casa judía. A la entrada, en la penumbra, una jarrita de fino, casi helado, acompaña a unas copas de cata, alineadas milimétricamente, sobre un antiguo mantelito bordado de hilo. Recorremos las diferentes estancias, comedores, bodegas en las que conserva las joyas (enológicas) de la corona. En una enorme mesa, nos esperaba un plato de jamón y unas rebanadas de pan, sobre las que Rafael vierte con soltura y esplendidez aceite de oliva virgen, que sirvieron para acompañar al fino que portábamos en nuestras copas.

Rafael Carrillo vierte el aceite. (Foto: E. B.)

Nos asomamos al pozo, subimos hasta la terraza, desde donde casi se puede acariciar con la mano la torre de la Mezquita, espectáculo siempre grandioso.

Regresamos al restaurante, orillados por el lado de la sombra, ya que el sol, a esas horas, vuelve a picar. Allí nos aguarda una mesa en el comedor principal en la plata baja. Es uno de los muchos espacios que posee El Churrasco, distribuidos en ésta, su casa matriz y en varias aledañas. Antes de sentarnos, tenemos tiempo de visitar todas las estancias y sorprendernos del buen gusto y del mimo que se ha observado año tras año, para mantener la decoración auténtica, con sabor a historia.

Comedor de El Churrasco. (Foto: E. B.)

Allí degustamos un menú que se compuso de: berenjenas fritas acompañadas por salmorejo, gazpacho blanco de piñones, riñoncitos de cordero lechal a la plancha, rabo de toro (una de las especialidades) y lomo de buey de Los Pedroches al carbón de encina. Los postres: crustillante de gin-tonic helado con sorbete de limón y (algo imprescindible) tocinillo de cielo con una copa de Pedro Ximénez. 

Tocinillo de Cielo de El Churrasco. (Foto: E. B.)

Por la noche cenamos en un restaurante más desconocido, pero que recomiendo sin dudarlo: Casa Luque. Si están interesados pueden localizarlo en Google. Siempre con reserva previa (posee pocas mesas). Les gustará.

Diminuto comedor del restaurante Luque. (Foto: E. B.)

Otro día les hablaremos de Bodegas Campos. Otro templo cordobés de la alta gastronomía, que no hay que dejar de visitar… aunque algo “turistizado”… ¡Tiempos modernos¡

Comedor «de carta» de Bodegas Campos. (Foto: E. B.)

Texto y fotos: Eduardo Bueso (copyright)

Inconfundible imagen de la Mezquita de Córdoba. (Foto: E. B.)

COCINA MOLECULAR O INTUITIVA

08 Oct 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Fotos, Gastronomía, Hoteles, Restaurantes, Vinos

Red Velvet. (Foto: Eduardo Bueso)

Desde San Sebastián

Por Mikel Corcuera

Premio Nacional de Gastronomía

Sin duda que está muy de moda de unos años a esta parte algo que se ha venido en llamar cocina molecular que viene a ser la aplicación de la ciencia a la práctica culinaria y al fenómeno gastronómico.

El término fue acuñado ya hace tiempo por el científico francés Hervé This y por el físico húngaro Nicholas Kurti. Y que según sus autores, “es la ciencia dedicada a desentrañar los procesos científicos que esconde el trabajo diario en la cocina”. El objetivo de esta ciencia -simplificando el asunto- es refutar o confirmar todo aquello tradicionalmente aprendido en el mundo de la gastronomía, y el modo de mejorar las recetas ya existentes, creando otras nuevas. Y algo aún más importante, según el propio This: “llegar a través de la metodología científica a un público diverso, con un tema tan importante como la alimentación”.

Ambos investigadores han trabajado intensamente sobre la preparación científica de algunos alimentos y muchos cocineros de vanguardia han seguido con entusiasmo esta investigación, aplicada a sus creaciones principalmente en temas tan de actualidad como cocinar con nitrógeno líquido, las esferificaciones y la cocción al vacío, por señalar algunos.

De todas formas hay alguna voz crítica sobre este tema de tipo más bien terminológico. Como es la del importante investigador guipuzcoano Juan J. Iruin (Yanko para sus amigos) quien me confesaba hace un tiempo que, “para mí lo que está mal es el término molecular. Porque ello implicaría el controlar el tema gastronómico a nivel de las moléculas, a nivel microscópico. Y la cocina, hoy por hoy, es bastante intuitiva y macroscópica”.

Vistas desde una habitación del Hôtel du Palais de Biarritz. (Foto: E. B.)

Pero conviene señalar hace mucho más tiempo ya existía esta inquietud científica en la cocina. Hay fórmulas culinarias del recetario clásico que avalan lo dicho. Es el caso, por ejemplo, de la “Tortilla Alaska”. Llamada de muchas formas, (Alaska, Noruega o Sorpresa) todas ellas con un común denominador que no es una tortilla en el sentido estricto del término y tampoco es de origen noruego o de Alaska. Sino un invento de un físico americano Benjamín Thompson, que en 1804 quiso demostrar dentro de sus trabajos sobre el calor, que era posible cocer un helado, y fue el chef del hotel de París de Montecarlo: Jean Giroix quien llevo a cabo los deseos del físico americano y realizó esta preparación. El citado científico intentaba demostrar, consiguiéndolo, que la clara de huevo, era mala conductora del calor. Por eso, el plato experimento consistió en esta “falsa” tortilla, sólo elaborada con claras y azúcar. Es decir, un merengue italiano en el que se coloca en su interior un biscuit helado. Pese haberse calentado vivamente al horno y flambeado después con ron, el helado en su interior permanecía sin deshacerse. Hay también otra versión más antigua y no carente de fundamento por la que se atribuye este postre a los cocineros de la embajada china que oficiaron durante un tiempo en el Gran Hotel de París en el año 1866, ya que el helado rebozado y frito es desde muy lejanos tiempos conocido en esa grandiosa culinaria oriental.

Atardecer en el comedor «La Rotonde» del Hôtel du Palais de Biarritz. (Foto: E. B.)

De todas formas durante unos cuantos años, la gastronomía molecular ha buscado introducir la física y la química en la cocina; pero poco a poco se ha visto que esta disciplina no conseguiría “que comiéramos de la química”, ni de la física, ya que buscaba unos objetivos más racionales y lógicos.

Como prueba, el rotundo fracaso del químico Marcelin Berthelot que, en 1894, “profetizó” erróneamente que para el año 2000 la química de síntesis, gracias a las “pastillas nutritivas”, supliría la agricultura y la cocina. El gastrónomo francés Brillat-Savarin fue entonces más clarividente cuando señaló “El creador obliga al hombre a comer para vivir, a comer invita por apetito y lo recompensa por el placer. Una pastilla nutritiva no podría, evidentemente, estimular los receptores como lo hacen los alimentos”

Texto: Mikel Corcuera. Fotos: Eduardo Bueso. Texto y fotos: copyright

Torrija con helado de coco. (Foto: E. B.)

 

MEDALLA AL MÉRITO TURÍSTICO PARA LA ACADEMIA ARAGONESA DE GASTRONOMÍA

30 Sep 2018 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Cultura, Eventos, Gastronomía, Hoteles, Restaurantes, Sin categoría

Medalla al Mérito Turístico

La Academia Aragonesa de Gastronomía ha desarrollado a lo largo de este mes diferentes e importantes acontecimientos.

PREMIO DEL GOBIERNO DE ARAGÓN AL MÉRITO TURÍSTICO

Por su trayectoria y el trabajo realizado a lo largo de su creación, el Gobierno de Aragón y su Departamento de Vertebración del Territorio (Turismo de Aragón), ha distinguido a la Academia Aragonesa de Gastronomía con el premio al mérito turístico del presente año. La entrega del premio se realizó esta semana en Teruel coincidiendo con el Día Internacional del Turismo. 

MEJOR ESTABLECIMIENTO DE COMIDA FAMILIAR DE ARAGÓN 2018 

La semana anterior, esta academia otorgó al restaurante de la Hospedería de Roda de Isábena el premio al “Mejor Establecimiento de Comida Familiar de Aragón” de 2018.

Entrega del Premio por parte de Ángel González, Presidente de la Academia al mejor restaurante de Comida Familiar de Aragón 2018, en la Hospedería de Roda de Isábena (Huesca)

El restaurante de la Hospedería, al que se accede por el claustro de la Catedral, está situado en el antiguo refectorio cisterciense y conserva restos de frescos góticos y mobiliario del siglo XVIII. 

Asistentes al acto celebrado en Roda de Isábena (Huesca)

Yolanda Fillat y Alberto Lamora, junto con su hijo Alberto, están al frente de los fogones. Su recetario incluye platos de fuerte tradición en la región junto a recetas más complejas y otras ya clásicas de la cocina española. Su carta ofrece recetas típicas aragonesas, como el ternasco o la longaniza de Graus, junto a platos clásicos de la cocina española. Mención especial merecen las carnes a la brasa, especialidad de la casa, la perdiz escabechada, el jabalí al chocolate o distintas recetas de ciervo.

PREMIOS GASTRONOMÍA 2018

Por otra parte la Academia entregó el pasado martes sus «Premios de Gastronomía 2018″ en un acto académico celebrado en los salones del hotel Palafox de Zaragoza.

Los premiados junto a José Luis Soro, Consejero de Vertebración del Territorio, Movilidad, Vivienda y Turismo del Gobierno de Aragón 

Este año los galardonados han sido:

MEJOR RESTAURANTE: Restaurante Callizo de Ainsa. MEJOR BODEGA: Bodegas Tempore de Lécera, Zaragoza. MEJOR LABOR GASTRONÓMICA, ámbito de difusión: Eugenio Monesma. MEJOR LABOR GASTRONÓMICA, ámbito de investigación: Grupo Universitario de Investigación Analítica (GUIA) de la Universidad de Zaragoza. MEJOR ALMAZARA: Apadrina un olivo, Oliete, Teruel.

Entrega de Premios en los salones del hotel Palafox de Zaragoza. En la foto, Juan Barbacil, Secretario de la Academia, presenta el acto

La Academia Aragonesa de Gastronomía concede sus premios desde el año 1999.

Fotos: Agencia Almozara y Academia Aragonesa de Gastronomía

Foto de familia de los premiados, junto a José Luis Soro, Consejero de Vertebración del Territorio, Movilidad, Vivienda y Turismo del Gobierno de Aragón y y varios miembros de la Academia Aragonesa de Gastronomía

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