Lugares con estrella · Por Eduardo Bueso Lugares con estrella · Por Eduardo Bueso

EN COCINA: HÁGALO SENCILLO

01 Abr 2020 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Gastronomía, Libros, Restaurantes

Comedor del restaurante Akelarre de Igueldo/Igeldo (San Sebastián/Donostia) (Foto: Eduardo Bueso)

Desde San Sebastián

Por Mikel Corcuera

Premio Nacional de Gastronomía

Resulta  muy satisfactorio releer una vez más un viejo recetario poco conocido de uno de los personajes históricos más importantes de la gastronomía francesa y al que se le puede considerar como el precursor, -llamémosle un tanto ampulosamente- “ideológico” del movimiento renovador de la “Nouvelle Cuisine”. Habrán adivinado que se trata de Maurice Edmond Sailland, más conocido por su seudónimo de Curnonsky, el cual fue proclamado por sus coetáneos gastrónomos parisinos como Príncipe de los Gastrónomos y “Secretario perpetuo de los psicólogos del Gusto”. Pues bien, con todas estos reconocimientos y honores, el viejo Cur (como se hacía llamar  en  su  vigorosa ancianidad) con casi 76 años, exactamente en 1946, publicó, una pequeña  obra, un recetario comentado  de “Cocina sencilla” titulado Á L´Infortune du Pot.

Quien había comido en las mesas más lujosas y manjares opíparos, quien conocía, como su propia casa, los mejores y más encopetados restaurantes de Paris y de toda Francia (entonces era decir del mundo), quien había tocado el cielo gastronómico, desciende a lo “terrenal” en esta obra y nos habla de los productos sencillos (no por ello menos sublimes), y nos ofrece simples recetas hogareñas, de amigos gourmets  y de aficionados salseros y cocinillas dirigida  a las señoras, a las amas de casa, eso sí, a las más sibaritas como el mismo gastrónomo reconoce.

Curnonsky señala, en el prólogo de la obra citada, las cuatro cocinas francesas que coexisten perfectamente: La alta cocina, la cocina burguesa, la cocina regional y la cocina improvisada.

De la primera afirma algo que incita a la reflexión: “hay que conservar la Alta Cocina sabiendo prescindir de ella”. O dicho de otro modo mucho más directo, no todo se reduce a esta culinaria de relumbrón o de alto copete.

Hotel Iturregi (Guetaria/Getaria) (Foto: Eduardo Bueso)

Es más, el veterano gastrónomo, dirigiéndose a sus potenciales lectoras, les provoca preguntándoles: “¿De verdad le preocupa querida ama de casa francesa, no poner en todos sus platos trufas, foie gras, caviar, supremas, canapés y todas esas maravillas  bautizadas con nombres de batallas o de olvidados diplomáticos? Y Curnonsky reafirma rotundamente, poco después, algo que está de plena vigencia hoy día: ”la cocina sofisticada es un trabajo selecto que no admite el adocenamiento ni la mediocridad y que exige el talento y la erudición de auténticos artistas. Pero la parodia de la cocina sofisticada, lo que me atreveré a llamar la cocina de nuevo rico es lo peor que en el mundo pueda encontrarse”.

El complemento de esta reflexión lo podemos descubrir en aquella pequeña oda que había dedicado años antes a una cocinera popular  Mélani Roaut, en agradecimiento a “su inolvidable tortilla” y que en su parte más esencial se convirtió en el slogan de la renovación culinaria de los setenta : “¿Cocina ?… Es cuando las cosas tienen el gusto de lo que son“

Un artista como Xavier Mariscal dijo algo memorable al respecto: “Ante la duda… sencillez”. Expresión que recuerda a lo manifestado por el  Príncipe Cur en el prólogo del recetario citado: “La Bruyere (escritor galo del siglo XVII) resumió toda la literatura en un par de frases: “¿Quiere decir que está lloviendo? Diga, está lloviendo”. El gran maestro Escoffier condensó toda la cocina en dos palabras “Hágalo sencillo”.

Texto: Mikel Corcuera. Fotos: Eduardo Bueso. Texto y fotos: copyright

Muñeco Bibendum de Michelin, situado en el salón de entrada de Arzak, restaurante poseedor de 3 Estrellas (Foto: Eduardo Bueso)

JUEGOS PALABRARES: CAPÍTULO 7

29 Mar 2020 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Cultura, Libros

Como ya anticipé a los lectores, recientemente he editado un libro que le di el nombre de “Juegos Palabrares”. Dada su limitada edición, prácticamente no poseo más ejemplares. Como han sido muchos los que no lo han podido conseguir, a expensas de que realice una segunda edición, cada semana subiré un capítulo a este magazine de Lugares con Estrella.

Aquí adjunto el capítulo 7 de un total de 11. 

Hoy lo dedico a un gran amigo que se fue esta semana: Juan Carlos Ballesteros (propietario y fundador del restaurante El Puerto de Santa María, de Zaragoza). D.E.P.

Espero que les resulte agradable su lectura.

 

Al viticultor, los años de escasa cosecha, se le ponía muy mala uva. 

En la construcción de la sauna municipal, el alcalde colocó la primera madera. 

Al caer la tarde, el firmamento se vistió con traje de noche de lunares.

El cocinero del restaurante de cocina india se fue curryendo. 

Algunos comensales en los restaurantes, más que leer la carta, parece que se la estén aprendiendo de memoria. 

Hizo de tripas corazón, para que lo operase del intestino su amigo cardiólogo. 

El precio del telescopio resultó ser astronómico. 

El costo del cursillo para navegación en globo se puso por las nubes. Sin embargo el de las avionetas cayó en picado. 

El asunto de la construcción del submarino fue estudiado en profundidad. 

En la ferretería se acabaron los tornillos sin fin. 

Las saetas de los relojes, a las seis y media se ponen firmes. 

En la tienda de ordenadores estaba todo revuelto. 

Los radiadores parecen esqueletos de animales prehistóricos de compañía. 

En Navidad… “La compañía de Sanitarios Roca les desea un Feliz Baño Nuevo”. 

El falso golfista resultó ser un auténtico golfo. 

En aquella clínica los analistas tenían muy mala sangre. 

Las nubes blancas son los pensamientos de los ángeles. 

Las aceitunas tienen muy poca cabeza. 

Se le paró el móvil. 

Los tambores poseen el espíritu del trueno. 

El alcanfor huele a Siglo XIX. 

El viento siempre tiene prisa. 

La niebla se inventó en los tiempos del cine en blanco y negro. 

El azufre contiene átomos del demonio. 

¡Coche¡… ¡Siga a ese taxi¡ 

El óptico tenía muy mal ojo para los negocios. 

¡Qué estrecho está esto¡ – dijo Gibraltar – 

Al ser atacado por un enorme cefalópodo, el corazón del submarinista sufrió fuertes pulpitaciones. 

Nada más terminar de leer la radio se puso a oír el periódico. 

¡Two¡… ¿Yo? 

Las tiendas, al anochecer cierran los párpados de sus persianas para dormir profundamente. 

Los pájaros huyen permanentemente de sí mismos. 

Los armiños siempre están preparados para ir de fiesta. 

Los voluntarios de la cruz roja realizaron las plantaciones de algodón. 

Aquel sobre mal cerrado dejaba escapar secretos dentro de aquel curioso buzón. 

A la bombilla se le encendió una idea. 

El viejo reloj, cansado de dar la hora durante toda su vida, no pudo levantar más sus saetas al señalar las seis y media. 

El farmacéutico regaba con alcohol su pequeño huerto de algodón. 

Los gorros blancos de los cocineros no son más que sus ideas gastronómicas, mezcladas con nata montada. 

Como se retrasó el doctor se impacientó el paciente. 

Los donuts son las coronas que llevan sobre sus cabezas los ángeles de los roscones. 

En cuanto se quedó sordo al concejal lo nombraron “teniente” – alcalde. 

Los chistes que contaba el electricista tenían mucha “chispa”. 

A la pastilla de analgésico le dolía la cabeza. 

Fabricaron boinas blancas para canosos. 

Los globos son como las ilusiones. Se desinflan con mucha facilidad. 

Mientras esperaba a la policía, el guardabosques destruyó todas las pistas forestales. 

El asesino le extrajo el puñal para quitar hierro al asunto. 

El entrenador sustituyó al guardameta por un portero automático. 

La luna es una mirilla por la que, de cuando en cuando, se asoma el ojo de Dios para vigilarnos. 

Para ganar tiempo al tiempo, nada más comenzar el año se compró dos calendarios.

 

Texto: Eduardo Bueso (copyright). Prohibida su reproducción total o parcial.

JUEGOS PALABRARES: CAPÍTULO 6

22 Mar 2020 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Cultura, Libros

 

Como ya anticipé a los lectores, recientemente he editado un libro que le di el nombre de “Juegos Palabrares”. Dada su limitada edición, prácticamente no poseo más ejemplares. Como han sido muchos los que no lo han podido conseguir, a expensas de que realice una segunda edición, cada semana subiré un capítulo a este magazine de Lugares con Estrella.

Aquí adjunto el capítulo 6 de un total de 11. 

Espero que les resulte agradable su lectura.

 

Las nieves perpetuas son las canas de los viejos inviernos. 

Al ramo de flores lo estrangularon con el lazo de la cinta de adorno. 

Los unicornios solamente han sido engañados una vez. 

Era tan vegetariano que jamás comía carne de membrillo. 

La luna aprovechó el momento del eclipse para llorar sin que nadie se apercibiera. 

A los gatos lo que más les gusta de los ordenadores son los ratones. 

El humilde camarero, en lugar de camisas de seda las llevaba de soda. 

El payaso no paró de decir tonterías. 

Los bastones andan encorvados.

Se examinó el Sr. Díez y le pusieron un cero.

En el asesinato del matemático, la policía no descartó ninguna hipotenusa. 

Llamaron a un afamado cardiólogo para presidir la asociación de prensa de revistas del corazón. 

Parecían punkis, pero eran extraterrestres. 

Metió un gol, y no lo pudo sacar. 

El espeleólogo sufrió una profunda depresión. 

Algunos cofrades eran tontos de capirote. 

Nada más estropearse el vino, al enólogo se le agrió el carácter. 

El guarda forestal encontró en pleno bosque su árbol genealógico. 

Me hubiese gustado que se hubiese ido, antes de que hubiese venido. 

En Lyon se complicó todo. 

Cayó la noche, rompiéndose una pierna. 

Atacaron al cuartel policial fuertemente desarmados. 

En aquel bar de tapas hasta el cactus tenía pinchos de tortilla de patata. 

El portero automático solicitó a su comunidad un aumento de sueldo.

El sabio catedrático era tan feo que fue nombrado doctor “horroris causa”. 

En el aeropuerto le extraviaron la maleta por un error de bulto. 

El cura vivía como un párroco. 

El ama de llaves ganó el campeonato de judo. 

El famoso tenor venido a menos no cantaba ni las líneas de los bingos. 

Al navajero, dada su experiencia, lo contrataron en la barbería. 

La inauguración del rascacielos se celebró por todo lo alto. 

Los miembros del sindicato de agricultores en lugar de meter la pata, metían la patata. 

La mirilla de la puerta tenía la vista cansada. 

El torero, como no estaba seguro de abandonar definitivamente su profesión, en lugar de cortarse la coleta decidió cortarse el pelo. 

El bolígrafo falleció durante una transfusión de tinta. 

Los espeleólogos siempre realizan turismo interior. 

El plato que más le gustaba al banquero, era la pasta. 

La distancia más corta entre dos puntos es el pensamiento. 

Procura que tu médico sea anciano, al menos ha demostrado que ha sabido curarse. 

Encontró trabajo como empleado del Inem. 

Los policías ardían en deseos de conocer la identidad del pirómano. 

Los pacifistas jamás comen paella de arroz “bomba”. 

Dejad que las mariposas de la luz revoloteen alrededor de una farola; son mis confusos pensamientos nocturnos. 

Hasta que falleció los médicos temían por su vida. 

La hipotenusa se divorció de su esposo por cateto. 

Logró dibujar un rectángulo de cinco lados, al que denominó pentágono. 

Al hombre bala lo mataron de un tiro. 

La novia del hombre bala era una mujer cañón. 

El hombre bala donde ponía el ojo se ponía él. 

La novia del gánster, en prueba de su amor, le disparaba sin cesar balas de carmín. 

 

Texto: Eduardo Bueso (copyright). Prohibida su reproducción total o parcial.

 

JUEGOS PALABRARES : CAPÍTULO 5

15 Mar 2020 · Escrito por Eduardo Bueso. Posteado en Blog, Cultura, Libros

Como ya anticipé a los lectores, recientemente he editado un libro que le di el nombre de “Juegos Palabrares”. Dada su limitada edición, prácticamente no poseo más ejemplares. Como han sido muchos los que no lo han podido conseguir, a expensas de que realice una segunda edición, cada semana subiré un capítulo a este magazine de Lugares con Estrella.

Aquí adjunto el capítulo 5 de un total de 11. 

Espero que les resulte agradable su lectura.

 

Pasaron varios años, hasta que se apercibió que aquello no era un espejo sino un transparente cristal. 

El faro se enamoró perdidamente de la ruleta del casino, pero ésta lo dejó por un tiovivo. 

El sombrero guardaba para sí, todos los pensamientos de su dueño. 

Dispararon a la bandera japonesa, pensando que era una diana, pero pronto llegó la bandera suiza para curarla. 

Al freír un huevo lo vestimos con enaguas de puntillas. 

El bizcocho borracho estaba completamente ebrio. 

El sonido del descorche de una botella de champagne, es una salva en honor a la buena vida. 

El ámbar intermitente de un semáforo en la madrugada, no es más que el latido de su propio corazón. 

En el sello de una carta, el remitente envía al destinatario la burla de haberle sacado la lengua. 

La brújula perdió el norte. 

Al azul marino, de viejecito, le salieron canas celestes. 

En cuanto el sueño se hizo realidad se durmió. 

Nunca olvida nadie lo que quiere olvidar. 

“Lo importante no es la cantidad” (Rols Roice) 

El matemático creía que eran las diez, aunque en realidad eran las cinco y cinco. 

Al Cabo Cañaveral lo ascendieron en un cohete a Coronel. 

El químico, pese a realizar ejercicio físico, no tenía química con su bella fisioterapeuta. 

Aquel culturista era un inculto. 

La pareja de orangutanes tuvo unos bebés muy monos. 

Las fichas de dominó son dados con alzheimer. 

Aquellos orejones no oían nada. 

Se tomó un sábado añático, y lo pasó trabajando. 

Se acabó el cava pero vino el vino. 

Se ensimismó en otra persona. 

Cacé a una mariposa, y resultó ser el sueño de un gusano. 

La blanca doble es la ficha más racista del dominó. 

El campeón de esquí al ser felicitado, en lugar de parabienes recibió paranieves. 

El cabezudo dio un paso de gigante. 

La cinta adhesiva es el esparadrapo de las hojas de papel. 

El ferretero siempre daba a su novia besos de tornillo. 

La baldosa se casó con un adoquín, y tuvieron una parejita de azulejos. 

Intentó dar una conferencia pero se ofuscó, y tan sólo dio una circunferencia. 

Lo que ocurrió en Villarreal parecía de ficción. 

La constancia es la hija de la paciencia y la madre de la desesperación. 

Chocaron dos botellas de anís y les salieron dos chinchones en sus cabezas. 

El torero iba a dar una rueda de prensa, pero al final optó por dar una vuelta al ruedo.  

En la noche de los Óscar, un hotel de Hollywood llegó a tener más de cien estrellas. 

La presidenta de la liga antitabaco jamás usaba pantalones “pitillo”. 

Pese a decorar el Palacio Real, los azulejos eran rojos. 

Un gran cocinero se cortó con un cuchillo, y vio las estrellas Michelin. 

En el partido de fútbol entre médicos y enfermeros, en lugar de sacar el balón de banda, lo sacaban de venda. 

Aquel disparo le sentó como un tiro.

Le dieron un placebo y se lo tragó. 

En las comidas del tren de alta velocidad, el menú siempre comenzaba con un caldo de AVE. 

La capilla ardiente se quemó. 

Al electricista se le cruzaron los cables. 

Todo lo que ocurrió en aquella cueva resultó “grutesco”. 

Pidió la vez varias veces, y se la dieron de una vez. 

Perdió la esperanza, pero la recuperó en la oficina municipal de objetos perdidos. 

Tomó un atajo, y terminó en el Duero.

 

Texto: Eduardo Bueso (copyright). Prohibida su reproducción total o parcial.

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